Las heladeras no son para siempre: alguna vez se rompen y hay que sustituirlas. Lo fundamental es tener buen ojo para el reemplazo, es decir, elegir una marca probada que no dé sorpresas.
El lector avezado se dará cuenta que estamos aludiendo a la famosa frase de Raúl Sendic (hijo) cuando con mal gusto pero no sin algo de razón (hay que admitirlo) respondió a la inquisitoria periodística que quería saber su opinión respecto con cuál candidato ganaría el Frente Amplio las elecciones municipales de Montevideo en 2010. La fanfarronada lamentablemente se cumplió y por quinta vez consecutiva el conglomerado izquierdista logró ganar en Montevideo, aunque con Ana Olivera en lugar (¿en lugar?) de la referida heladera.
A dos años de aquella elección, la ciudad sufre un congelamiento (valga la expresión) que nos tiene que hacer pensar que la constancia ciudadana -pero sobre todo la paciencia- están llegando a su punto límite, que ya no se aguanta más una ineptitud de tal magnitud para llevar adelante la administración de la comuna capitalina.
Podremos enumerar en la lista de incapacidades la sumisión ante el mínimo atisbo de amenaza y prepotencia gremial; la imposibilidad (o acaso la desidia) por controlar y regular la presencia de hurgadores en las calles de Montevideo con sus caballos maltratados y su tendal de mugre en torno a cada contenedor que revuelven; los permanentes aumentos de aforos y tarifas de servicios mal cumplidos cuya recaudación no se vuelca a mejorar obras y servicios para el sufrido contribuyente sino a los sueldos de una casta de trabajadores privilegiados; la mala actitud de su plantel de inspectores de tránsito multando con exclusivos fines recaudadores en lugar de cumplir con mínimas y necesarias tareas de enseñanza y prevención; la lentitud para responder al arreglo de calles en mal estado y, entre otros tantos males y mezquindades, la burocracia de un palacio cuya atención al público está perversamente calculada para que el usuario desista de cualquier intento de reclamo.
No son enumeraciones caprichosas: basta con leer las cartas que llegan a la sección Ecos, donde los ciudadanos dan cuenta a diario de experiencias traumáticas que tienen que ver con la administración de la capital.
La intendenta, en tanto, consciente de la mala imagen de su gestión según las encuestas de opinión (incluida una que fue encargada por ella misma) optó por una contraofensiva poco feliz para mejorar su aceptación: en lugar de intentar arreglar lo mucho que está mal en su gestión, prefirió como estrategia mostrarse ante las cámaras de televisión un día sí y otros también, en una cantidad de actos (obviamente armados por su equipo de asesores) que pretenden darle una visión "positiva" a la IMM, aunque no sea más que la nimiedad de arreglar las piedras de la escollera Sarandí, como si lo que constituye una simple obligación cotidiana de la comuna fuera una obra de gran magnitud.
En fin, que con heladeras -como dijo Sendic- se gana una vez, pero no se asegura una buena gestión. Y se gana una vez, pero no más.
El asunto es que al elector hay que darle una alternativa diferente. Allí está entonces el desafío del Partido Nacional. Es cierto que faltan todavía tres años, pero hay que empezar a moverse cuanto antes. Lo primero será rodear a un candidato con perfil adecuado para la ciudad de Montevideo; lo segundo, armar una plataforma de ideas y planes convenientes y de posible cumplimiento para que una próxima administración comunal no incurra en los errores y horrores de la actual; tercero, empezar cuanto antes a hacer conocer al candidato y lo que éste pretende llevar a cabo con el apoyo de todo el Partido. Esto último es sumamente importante: no caben las pequeñas disputas sectoriales, el candidato que pretenda ganar las próximas elecciones municipales montevideanas tiene que contar con el apoyo de todo el nacionalismo, sin importar las filas de dónde provenga.
Jorge Gandini anunció su pretensión de presentarse. ¿Es el candidato ideal? Corresponde al Partido decirlo, pero si es Gandini o es otro, lo importante es que desde ninguno de los sectores se le retaceen apoyos si se pretende después de cinco nefastos períodos frenteamplistas volver a administrar la capital.
Ya es hora de cambiar la heladera.