Aunque coproducción con Nueva Zelandia, es ciertamente muy "british" el film de Toa Fraser "Las vidas del Sr. Spanley", cuyo elenco encabezan Jeremy Northam, Sam Neill y Peter O`Toole, y que ha salido directamente en DVD.
En la base hay una "nouvelle" escrita en 1936 por Edward John Moreton Drax Plunkett, décimo octavo barón de Dunsany, creador anglo/irlandés de relatos de fantasía heroica conocido más brevemente como Lord Dunsany y por historias como La hija del rey de los elfos: por vías diversas, Lovecraft y Tolkien descienden de él.
El relato de Dunsany, alargado y enriquecido en detalles para la pantalla por el veteranísimo guionista escocés Alan Sharp (La venganza de Ulzana, 1972; Secreto oculto en el mar, 1975; Rob Roy, 1995; muchas más), se convierte en un film acerca de la complicada relación entre padre e hijo (Peter O`Toole, Jeremy Northam) en la Inglaterra eduardiana.
Se trata de dos personalidades muy diferentes, al punto de que parece casi imposible que se establezca algún tipo de comunicación entre ambos, al nivel que sea. El padre es un hombre de costumbres metódicas (si las cosas siempre se han hecho de determinada manera, ¿para qué cambiar?), y el hijo intenta semana a semana, desesperada e inútilmente, que algo cambie.
Entran en cuadro un vino húngaro, y la reencarnación. Un autoproclamado gurú indio (Art Malik) anuncia una conferencia sobre la transmigración de las almas, y padre e hijo entran en contacto con dos individuos no menos insólitos: el coleccionista de lo incongruente Bryan Brown, y el personaje titular, encarnado por Sam Neill, que entra en unos éxtasis muy particulares cuando mete las narices en un vino húngaro de calidad. El asunto deriva en sucesivos encuentros con el personaje de Neill donde este narra una serie de historias cada vez más extrañas, y en las que a cierta altura se revelan inesperados lazos del pasado. Mejor no contar detalles en una nota periodística.
Es ciertamente un mérito de la dirección de Toa Fraser (y del libreto de Sharp) la dosis de calidez, humor y ocasional emoción con que entreteje las relacione entre sus criaturas, ro- deando al protagonista Northam de un sólido equipo de personajes secundarios que enriquecen el cuadro. Por supuesto, el film arriesgaba convertirse en una de esas historias de "ingleses bien vestidos" que suelen estar esmeradamente escritas, prolijamente filmadas y bien actuadas... y que por lo general son un plomo (digamos, James Ivory cuando no lo respaldan E. M. Forster y Anthony Hopkins). En realidad, la película está esmeradamente escrita, prolijamente filmada y bien actuada, pero no es un plomo.
Quizás la calidez y el humor sean un rasgo neozelandés (Fraser nació en Nueva Zelandia), y en todo caso el desempeño del internacional elenco se convierte en el apoyo definitivo del film. Si no hubiera otros motivos (y los hay), valdría la pena ver Las vidas del Sr. Spanley por lo que hacen con sus personajes Jeremy Northam, Sam Neill, Bryan Brown y Peter O`Toole (¡cuánto tiempo ha pasado desde Lawrence de Arabia!; bueno, cincuenta años). En Nueva Zelanda obtuvo siete premios nacionales, incluyendo el de mejor film.