Como "portazo al mundo" califica Joaquín Morales Solá su nota en La Nación -que reproduce El País del 18 de abril- la insólita decisión del gobierno argentino de expropiarle a la empresa española Repsol sus acciones en la hoy YPF SA, en un porcentaje necesario, para que el Estado pase a tener el 51%.
Nadie fijó la cantidad de acciones a expropiar, porque no se ha dicho una sola palabra ni del valor del paquete accionario ni consecuentemente el precio a pagar, ni la forma de pago, que es lo que menos debe importarle a la señora Cristina. Se recordará para comprender la magnitud del agarrón y del ataque a la seguridad jurídica que no se garantiza en Argentina al inversor. Fue bajo el gobierno del mismo Néstor Kirchner, que Repsol compró el 57% de las acciones de la sociedad con la complacencia del Presidente de entonces y de su cónyuge, la Presidenta de hoy, hace pocos años entusiastas cultores de la privatización. Hoy giran en sentido contrario, invocando para justificar el viraje "razones de interés público". Y quizá algo de eso haya.
De tanto en tanto en la intermitencia lumínica argentina el país se apaga más de lo que se prende. Tiene gobiernos en cortocircuito, extraños, por no decir hipocondríacos, y no es un problema del país ni de su gente. Ha tenido y tiene enorme valores en todos los ámbitos de actividad, y de pronto, cuando más necesita equilibrio, resbala.
Es socialmente heterogéneo, de reacciones inesperadas a veces, desequilibradas otras, que no son las que se pueden esperar de un país que tiene todo para ser del primer mundo. Ahora tendrá que vérselas con reacciones no sólo españolas, sino en general del mundo occidental. Porque la expropiación dispuesta, quizá forzando algo los conceptos no es antijurídica, pero es un atentado contra la seguridad jurídica, que es la primera garantía que pide un inversor, y no puede ser que a quien le sacaron cien para atraerlo, al poco tiempo le devuelvan veinte para que devuelva lo que compró y se vaya.
Es solo un cambio intempestivo de reglas de juego en una operación de comercio internacional con pretensiones de seriedad.
Es cierto que las reservas de petróleo en los años de gobierno de los Kirchner cayeron, que el Estado se quedó con más del doble del precio del barril del petróleo y que el gas se les paga a los productores solo un 20% de lo que se paga en Bolivia. Varias objeciones se descargaron sobre esa política de desperdicio, pero no hubo respuesta. Al contrario, se insistió en alentar y subsidiar el consumo popular de energía barata y abundante.
"La felicidad no se puede ordenar por decreto", observa Morales Solá. "Y ahora llegaron las facturas de la fiesta populista y derrochadora". Es que hay aspectos económicos y políticos que no pueden separarse de la realidad. La economía argentina anda muy mal, hay mucha más inflación que la declarada oficialmente, una devaluación encubierta pero evidente. ¿Será que estos gobiernos argentinos necesitan hacer locuras que despierten el furor nacionalista de su pueblo para disimular realidades propias de una mala gestión?
No es descartable. Y que no se diga que el resfrío argentino no nos va a afectar. Que no se diga, al menos, con la soltura con que lo hizo el vicepresidente Astori que no es cierto que el proyecto de Tratado de intercambio de información tributaria con Argentina lo tiene encajonado Mujica como única arma para defender la denuncia uruguaya de las trabas a las relaciones comerciales de Argentina con el Mercosur. La noticia trascendió, Mujica se calló la boca, Astori habló para decir aquí estoy yo y a mí no se me oculta nada, y Mujica sigue callado. Ahora, ante la agresión comercial a España, Astori desestima la noticia y enseguida Mujica sale a defender a la Presidenta vecina porque "no le gusta el prepo de la Europa rica" y que la señora cuenta con toda su solidaridad en las breves y en las maduras".
Lo cierto es que a Mujica le importa un bledo la imagen de Astori y con este -incluso a su respecto- parece suceder lo mismo ante todo para él, al aceptar mansamente su papel político cada vez más de figura intrascendente en las decisiones políticamente relevantes.
Astori tenía proyectado estar en estos días en España. Mejor ni pensar si le sacan el tema.