Un camino de tierra de varios kilómetros divide la Colonia Berro en dos. A la izquierda están los hogares Sarandí, Piedras e Ituzaingó. A la derecha El Hornero y el Ser. De los hogares de máxima seguridad, el Sarandí es el que está más cerca de la salida. Sin embargo sortear la seguridad perimetral no es tarea sencilla.
Tiene un doble perímetro de seguridad: el primero está a poco más de un metro de la construcción. Es un alambrado de dos metros que arriba tiene concertina. El segundo delimita todo el terreno del hogar y está a unos 15 metros de distancia. Estos dos alambrados fueron saltados por los trece menores fugados ayer miércoles.
Al ingresa al hogar Sarandí están a mano izquierda los baños y un espacio que funciona como distribuidor al que dan dos salas que usan los funcionarios. Allí no hay nada. Las paredes sucias están decoradas por cuadros hechos por los jóvenes con fotos y frases que refieren al amor y la libertad.
A la derecha de ese lugar, y separado por una reja (que está o debería estar permanentemente bajo llave) hay una mesa de ping pong, mesadas de material y una pequeña aula donde brinda talleres la ONG Procul.
A la izquierda de la sala distribuidora hay una escalera, también con rejas, que lleva al segundo piso, donde están las celdas. Desde allí fugaron los jóvenes, limando los barrotes de una ventana.
Hace un mes El País estuvo una tarde en el hogar Sarandí. En ese momento, al igual que la madrugada de la fuga, había dos policías. De todos modos, la seguridad a simple vista parece ser suficiente como para que trece personas logren salir sin ser advertidas por nadie.