La inevitable Jennifer Aniston ha vuelto a quedar embarazada. Al menos según lo que contó una supuesta prima a una revista estadounidense. También le desea lo mejor a su ex, Brad Pitt (porque él supuestamente también se casa). Además se casa en julio con su novio Justin Theroux. Su vida está muy bien. Su relación afectiva marcha viento en popa. No tiene problemas con Angelina Jolie. A los cuarenta y dos años quiere tener hijos. A los cuarenta y dos años ya no quiere ser la soltera número uno de Hollywood.
Todo eso según trascendidos, lógicamente.
En la vida mediática de Aniston hay miles de rumores y noticias, pero casi ninguna confirmación oficial. Sin embargo aparece esta catarata de historias sobre ella, como ocurre cada tanto. La gran diferencia es que esta vez todo apunta a que tenga un hijo y se case, a diferencia de años anteriores en que los rumores le daban siempre novios nuevos e intenciones de volver con Brad Pitt. La suya es toda una historia, que ya he explorado en abundancia en esta columna y que siempre trae alguna novedad.
Digo que Aniston es inevitable porque aunque uno no quiera saber nada de ella, si más o menos sigue novedades faranduleras, se la encontrará. Es como que parte de la prensa de los chismes la ha convertido en un personaje atractivo para construir nuevas historias, siempre en base a una misma cuestión: su vida afectiva.
En ese sentido hay muy pocas figuras como ella, que protagonice tantos titulares e historias generalmente inventadas, especulativas. Y lo interesante del asunto es que ninguna de las historias deja un gran registro. Puedo apostar que si lo del embarazo y lo de la boda no se confirma, dentro de dos o tres semanas nadie recordará que los medios lo aseguraron sin base alguna. Es probable también que una vez que pase todo eso, surjan otras invenciones sobre su vida amorosa, ya sea una ruptura, un nuevo embarazo o un affaire. Aniston da grandes posibilidades.