Tal vez se requieran gerentes

Uruguay cuenta con un gobierno nacional, 19 Intendencias en otros tantos departamentos, 18 Centros Comunales Zonales en Montevideo y, desde 2010, con 89 municipios. Pero la descentralización efectiva, un viejo reclamo de los pobladores del interior y de algunos sectores políticos, muere bajo una verdad tan contundente como un puñetazo: la capital del país, junto a su área metropolitana, nuclea alrededor del 52% de la población y las dos terceras partes del Producto Bruto nacional. El centralismo y la burocratización son males sólidamente asentados en los corazones y en las mentes de los uruguayos desde hace un siglo, como lo sabe cualquiera que pretenda ingresar a una universidad o solo cortar un árbol que destruyó su vereda. Mientras tanto la participación, un viejo sueño, naufraga bajo la absurda superposición de organismos y la apatía de los vecinos. Hubo un tiempo en que algunos métodos de participación ciudadana lucieron razonablemente vivos, al menos para minorías militantes: los clubes políticos del primer batllismo; los "cabildos abiertos" de Benito Nardone, "Chico Tazo"; los comités de base frenteamplista en 1971 y durante la apertura democrática de los `80. Pero pronto decayeron, ahogados por las cúpulas, los aparatos, la burocracia y, más importante todavía, por las nuevas modalidades de vida y de comunicación e información, mil veces más eficientes. Los Centros Comunales fueron creados en 1990, cuando Tabaré Vázquez era intendente de Montevideo. Funcionan como brazos operativos de la Intendencia para resolver problemas barriales. También se crearon organismos para fomentar la cooperación ciudadana, como los Concejos Vecinales, que elaborarían los "presupuestos participativos". Pero su fracaso fue evidente casi de inmediato. En octubre de 2011, las últimas elecciones realizadas para completar los Concejos, votó menos del 6% de los habilitados. La escasa participación de los "cabildos abiertos" organizados por los municipios de Montevideo el fin de semana último (a un promedio de 200 personas en nombre de regiones en que habitan 200.000) indica que las personas votan gobernantes para que actúen como gerentes, no como agitadores o predicadores, y para que resuelvan sus problemas, que al fin de cuentas son bastante obvios. Tienen más medios que nunca para informarse y no desean pasarse la vida discutiendo. Las asambleas continuas son para viejos militantes irredentos, para personas deseosas de hablar aunque tengan poco que decir, para pichones de políticos que acumulan experiencia. Los jóvenes, mientras tanto, huyen como de la peste.

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