Recién pasadas las 18 horas las puertas del Estadio Centenario se abrieron para el ingreso de las miles de personas que desde el mediodía se iban acercando hasta los accesos vallados para garantizarse los mejores sitios en la cancha y en las tribunas.
La gente cumplió y, tal como le recomendaron desde la organización, llegó con tiempo. Sin embargo, el exbeatle salió al escenario a las 21 horas, media hora después de lo informado por la organización, a pesar de que se había anunciado, justamente, "puntualidad inglesa", para el inicio del show.
El movimiento en los alrededores del estadio comenzó a notarse ya sobre el mediodía, con los más precavidos. A esa hora ni siquiera estaba abierta ninguna de las puertas de acceso al estadio (abrieron después de las 18 horas), pero eso poco les importó.
La recompensa a tanta anticipación fue que ya sobre las 16 horas pudieron disfrutar, a la distancia, de clásicos de los Beatles, como All my loving y Get back, durante las pruebas de sonido que el propio exbeatle realizó en el estadio.
Otros más afortunados -y seguramente con mayor poder adquisitivo- disfrutaron del set especial de poco más de una hora previo al gran recital. Es que para asistir a la prueba de sonido se pagaron precios que oscilaban entre US$ 1.000 y US$ 1.400 dólares. En total fueron unos 180 los espectadores que hicieron esta opción.
CLIMA DE SHOW. Ya pasadas las 17 horas, el movimiento era intenso. El gentío dominaba las avenidas y el tránsito de vehículos generaba los primeros atascos en los alrededores del estadio. Los mismos canteros de Avenida Italia y Centenario funcionaron como una especie de parking improvisado, desbordados de vehículos.
Si bien la Intendencia no había autorizado el uso de los canteros para estacionamiento, a fin de preservarlos, el gran movimiento generado en la zona hizo que, a media tarde, se reviera la decisión, según informó a El País uno de los inspectores que trabajaba en la zona. "Nos vimos un poco superados por la cantidad de vehículos y las autoridades nos dieron la orden que de que habilitáramos los canteros", afirmó.
En la primer puerta de acceso se formaron largas filas y los controles eran estrictos, incluso para aquellos que tenían entradas VIP Premium, las más caras. Para llegar a la cancha había que pasar cuatro vallados. En los alrededores, mezclados entre puestos de venta, el público y los vendedores de a pie surgían algunos, que con cuidado y en voz baja intentaban colocar entradas: "Tengo entradas, vendo entradas, tengo".
Mientras tanto, los vendedores formales trataban de hacer su agosto con una variada oferta que iba desde panchos y hamburguesas -para los no vegetarianos- hasta tortas fritas y chorizos.
Pero también había algunos comerciantes espabilados que ofrecían crepes y hasta chivitos vegetarianos (ver página 4). Tampoco faltaban remeras y artículos de recuerdo, ni manifestantes que aprovechaban la ocasión para sus mensajes sociales. Así, repartían desde propaganda anti-abortista hasta folletos de los defensores de animales.
Con entrada en mano, el desconcierto entre la gente que iba llegando al Estadio se acrecentaba a medida que iban en busca de la puerta correcta de acceso. "Por acá", "no, la entrada es por acá", "te dije que era por acá, nos hiciste caminar de más", eran las frases que más se repetían entre la multitud, que caminaba de un lado a otro.
Sin embargo, el clima y el buen ánimo predominaban y hasta el hecho de no encontrar el lugar o caminar de más era motivo de bromas, y no de broncas o mal humor.
El mismo gesto tenían los encargados de guiar a las personas a sus lugares, que con amabilidad intentaban despejar las innumerables dudas de la gente sobre por dónde debía. Hasta los policías allí presentes terminaban auxiliando a la gente. "Lo que pasa también es que es todo una novedad esto. Nadie está acostumbrado a este tipo de eventos entonces hay desconcierto de cómo moverse y un poco de nerviosismo, pero el clima es muy lindo. Se nota la alegría en la gente", dijo uno de los trabajadores, que cada instante auxiliaba a una persona perdida, con entrada en mano.
Los pasajes por las puertas de acceso se dieron de forma ligera, salvo algunos que presentaban mayor atasco, como la puerta 11 de la platea Olímpica, donde se encontraba la VIP ORO. Allí se generaron las filas más largas de público.
"Vamos a organizarnos, no se amontonen, pasen en doble fila por favor, acá hay lugar", gritaba un trabajador, al mejor estilo guarda de ómnibus, al tiempo que cada intento de colarse era impedido por la masa de gente que, correctamente, hacía la cola.
"Ey, ey, a la fila, vamos, ustedes, no se cuelen, hagan la fila, no se hagan los vivos", bastaba que gritara algún señor para que otra cantidad de personas también se sumara a reprobar la actitud. Con cabeza gacha y la vergüenza en el rostro marchaban solos al final de la fila.
PERSONALIDADES. Entre las personalidades, algunas comenzaron a transmitir sus impresiones vía Twitter desde temprano. Por ejemplo, la diputada nacionalista Ana Lía Piñeyrúa, que aguardaba ante la puerta 11 "en una larguísima cola" para ingresar, comentó: "Vale la pena el esfuerzo", mientras el contador Conrado Hughes, ya adentro, transmitía una foto exclusiva desde su teléfono celular.
Entre el público VIP, también estaban el vicepresidente de la República, Danilo Astori, junto con su pareja, Claudia Hugo; Danilo Astori hijo y Patricia Wolf, y el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa.
Luego de abrirse las puertas del estadio, con miles de personas buscando su asiento o haciéndose un lugar en la cancha, apareció en escena el telonero del show: Martín Buscaglia, que interpretó tres canciones para el público.
"Gracias a Paul, la música uruguaya es tan buena y fecunda", dijo Buscaglia emocionado. "Gracias a él, a los Fattoruso y a mi viejo, y a tantos otros", concluyó. Afuera, los que todavía estaban por ingresar, bromeaban sobre la presencia de Buscaglia. "Vamos, vamos, apurense que me pierdo a Buscaglia", decía un hombre a su señora y sus dos hijas, generando la risa del público presente.
UBICACIÓN GRATIS. Cerquita del bullicio que rondaba el estadio, y con un perfil extremadamente bajo, se podía ver a aquellos que, con reposera y termo y mate, fueron copando los espacios públicos. No les interesaba ver, sino escuchar.
Virginia y Luis, un matrimonio que vive a cinco cuadras del estadio, se instalaron desde las 18 horas en la plaza que está al costado de la cancha de Central Español, con dos reposeras y mirando hacia la tribuna Amsterdam. Aunque no lo íban a ver, ellos querían escucharlo. Con eso les alcanzaba.
"Esperemos que algo se escuche. Nunca pensamos en comprar las entradas. Para verlo de lejos no valía la pena. No podíamos acceder a las entradas donde se lo podía ver bien. Entonces preferimos venir acá y escucharlo". cuenta Virginia, con termo y mate en mano.
Virginia dice que cuando se enteró que vendría el exbeatle se enojó. "Mucho no me gustó que viniera ahora. A mí me encantaba. Cuando iba al liceo estaba enamorada de Paul. Era una locura. Y cuando los Beatles vinieron a la Argentina y no a Uruguay. Me dio una rabia. Y ahora mirá a qué altura de mi vida viene... y solo, sin los otros tres", dice la señora mayor.
Así como Virginia y Luis varios se habían aprontado en la plaza para "escuchar" el recital. "No pago para verlo, pero sí me divierte venir a mi plaza, vivo acá a la vuelta, y saber que del otro lado del muro (de la tribuna) está este tipo tocando. Está bueno", dice Romina, una joven de 29 años, que estaba acompañado de su perro.
En los alrededores del monumento a la Carreta, que presentaba una buena iluminación pública se transformó en una tribuna espontánea, con más de cien personas que aprovecharon la lombada de pasto para ubicarse. Bizcochos, mate, reposeras o en el paso mismo, bien pegados unos a otros. "Esto le hace bien al país, porque genera mucho dinero, pero a mí no me agarran, yo con escucharlo y gratis me alcanza y sobra. Lo disfruto más acá", decía la señora sentada mismo a un costado del munumento.
El Hospital de Clínicas también ofició de escenario privilegiado para los médicos y enfermeros que ayer estaban de guardia. Trascendió, incluso, que tenían montada y acondicionada para la ocasión una pequeña terraza. Lo cierto es que, a su manera, cada uno disfrutó del show.