Por momentos parece que el mensaje del gobierno es que no se está en condiciones de caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Enfrascado en una dura batalla con los corporativismos educativos por el control de la enseñanza -tema de enorme trascendencia, pero no único-, se perdió la perspectiva de que, para que esta funcione, es necesario que existan locales que se encuentren en condiciones, por lo menos decentes. Que para ello el Presupuesto Nacional ha otorgado a la ANEP millonarias partidas a ser invertidas en la refacción y construcción de centros educativos; que será muy romántica y casi épica la frase de Mujica que repitió Astori "si hay que dar clases debajo de un árbol, se da clase debajo de un árbol, pero clases tiene que haber", pero parece más bien extraída de los años crisis o cuando Artigas recorría la campaña en su lucha libertaria y no de esta coyuntura de bonanza. Porque lo cierto es que el Codicen terminó el 2011 con más de 30 millones de dólares de su presupuesto -mayormente del rubro inversiones-, sin ejecutar, omisión que se puede imputar a la demora en la firma del convenio de obras con la Corporación Nacional para el Desarrollo, organismo que por su carácter de persona pública no estatal está o estaría en condiciones de actuar con mayor agilidad.
No puede decirse tampoco que los problemas edilicios fueron una sorpresa o imprevisibles; más allá de que se solicitaron desde el Codicen recursos para solucionarlos, los numerosos centros educativos sufren su natural deterioro y todos los años se hace necesario reparaciones o construcción de locales nuevos. Basta hacer un poco de memoria (o utilizar Internet) para darse cuenta que siempre ha sido así, aunque en el pasado existía el argumento de la falta de recursos.
Ahora no; ahora hay cataratas de dinero para la educación, plata es lo que sobra. Entonces esta situación de crisis es el resultado de una falla seria por parte de las autoridades: nada se hizo durante el largo periodo de vacaciones, cuando no había clases y las obras se podían ejecutar sin afectar la marcha de los cursos. A ello puede sumársele el agravante que cuando hay dinero -y, en este caso, mucho- las cosas se pueden hacer mejor y más rápido. Juzgado por una mesa examinadora, el gobierno y el Codicen recibirían un "aplazado" por unanimidad.
Afortunadamente, los principales referentes de la política nacional (el Presidente Mujica, el vicepresidente Astori y el Ministro de Educación) han reconocido esta omisión y han asumido el protagonismo que le corresponde. Tras las movilizaciones previas a Semana Santa en distintos centros educativos, el panorama incambiado tras esta semana sin clases y una sugestiva columna de Pablo Da Silveira ("La culpa no es sindical") aparecida en esta página, se ha reconocido que "hay fallas de gestión", que las dificultades no están asociadas a "los corporativismos", sino que tienen que ver con "la actuación humana".
Mujica fue categórico: "este es un error que hemos cometido y hay que hacerse cargo (…) Lo peor de todo es que habiendo plata no se pudo gastar en lo que había que hacer". Admitir el error es parte de la solución del problema, pero ¡qué manera de demorar! Ehrlich anunció que se pedirá la colaboración a varios ministerios y, cuando no, a las fuerzas armadas. Perfecto, el tema es empezar cuanto antes.
El gobierno no puede dejar abierto flancos tan notorios, cuando la Federación Nacional de Profesores (Fenapes) ha anunciado que inmediatamente después de las elecciones del Frente Amplio -previstas para el 27 de mayo-, lanzará una feroz ofensiva en su lucha por el poder en la educación, lucha ideológica que por inconsistencia e iniquidad divide su interna, pero que puede aglutinar a todos si se incorpora a la plataforma reivindicativa el justo reclamo por las pésimas condiciones edilicias de algunos centros. Se han dado pasos -grandes o solo pequeños según el cristal, pero pasos al fin- en el intento del sistema político por recuperar el control de una mala educación controlada por los corporativismos que maneja el PCU. Pueden darse más y continuar esa marcha. Pero con errores de este tipo se corre el riesgo de hacer implosionar lo logrado con tanto esfuerzo y volver a fojas cero o menos diez.
Hay mucho en juego: se trata, nada más y nada menos, que de la educación de niños y jóvenes, muchos de los cuales aún no han empezado sus clases y muchísimos más que ven amenazadas su continuidad.