Una lucha cabeza a cabeza en Francia

Elecciones galas. Sarkozy y Hollande parten como favoritos. El presidente lograría un resultado mejor, pero el socialista triunfaría en la segunda vuelta. Luchan voto a voto en los suburbios

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¿Cómo resistir a la tentación de comparar la decadencia, o la desorientación de Francia, con la personalidad de sus candidatos a la presidencia? Pero el desleimiento de Francia puede verse también como una consecuencia del decaimiento de Europa.

Si queda un resto de pareja formalmente directora de la Unión Europea -la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy- es porque Berlín se siente más cómodo compartiendo el fardo de la crisis, mientras el país avanza hacia su plena libertad de acción internacional. Si un día se habló de europeizar Alemania, hoy tocaría hacerlo de la germanización de Europa.

En una semana comenzará el proceso electoral francés, y hay que decir proceso porque en primera vuelta solo se jugará a los puntos y hasta la segunda vuelta en mayo no se sabrá quién se enroca en el Elíseo. Tan solo el presidente Sarkozy, derecha posgaullista, y Francois Hollande, socialista de oficio, pueden revalidar o alcanzar esa dignidad, pero hay tres más, el pluscuamsocialista Jean-Luc Mélenchon, el centrista al cuadrado Francois Bayrou, y Marine Le Pen, segunda generación de xenofobia, que luchan pensando en el día de mañana, y son los que elegirán vencedor.

El candidato socialista es serio, decente, trabajador y posee todos los atributos para ser un buen presidente de Francia, excepto parecerlo. Sarkozy es poco serio, vulnera los límites de la impropiedad como cuando ataca con electoralismo antieuropeo a España, y aún más que trabajador, hiperexpansivo, ha podido parecer en algún momento presidencial. En 2007, cuando se sacó su primer periodo, vendió un producto diferente, que podía llamar la atención del ciudadano como la portada a color de una revista. Su mandato tenía que ser el de la transparencia, el votante sabría siempre en qué andaba su presidente, pero en cambio ha sido el de la prensa del corazón, golosa de explotar la imagen de su esposa, Carla Bruni, con la aparente complacencia del propio Sarkozy. El líder conservador desacralizaba peligrosamente con ello la jefatura del Estado hasta convertirse en un presidente coloquial. Y Francia mal puede apreciar esa mudanza. Más asumible puede haber sido otro gran rasgo de su gobernación: el atlantismo, en nombre del cual reintegró Francia al mando militar de la OTAN, enterrando definitivamente el gaullismo. ¿Cabe imaginar al general De Gaulle, Mitterrand o incluso Chirac participando con el entusiasmo de Sarkozy en el cerco norteamericano a Irán?

Hollande, que nunca ha sido ministro ni desempeñado cargo público relevante, es un intelectual laico, que no logra desembarazarse de un cierto aire burocrático. Habla bien, sabe lo que dice, es centrista dentro de una izquierda compasiva y moderada, pero se maneja mejor en el cuerpo a cuerpo que en la media o larga distancia de los mítines. Hace unos días compartió atril con su antigua compañera, Ségolène Royal -derrotada como candidata socialista por Sarkozy en 2007- y sus grandes esfuerzos por mostrarse natural eran más rictus que actitud.

LOS OTROS. Más allá de la pareja principal, aquella terna de candidatos aspira a obtener resultados cuando menos respetables. Bayrou, que se difumina progresivamente entre Sarkozy y Hollande, será crucial porque quien de ambos muerda más en segunda vuelta de su voto centrista, tendría mucho ganado; Le Pen, cuyo Frente Nacional, crecientemente interclasista y más cerca del presidente que del aspirante, confía en superar el 12% o 13% de sufragios para hacer algo más que salvar los muebles; y Mélenchon, que con el 15% que le adjudican las encuestas sería el vencedor moral de esa primera vuelta, se hallaría en disposición de refundar un nuevo partido socialista a la izquierda del socialismo. El candidato de esa retórica veterana suena hoy a un híbrido entre Robespierre y De Gaulle, aunque para sus detractores recuerde más bien a Scaramouche. Pero solo la aportación de ese acopio de votos le daría la opción a Hollande de rebasar en segunda vuelta el 50%.

Sarkozy parece haber interiorizado la hegemonía alemana en la dirección de la UE. El candidato socialista, diferentemente, ha llegado a decir que había que revisar los recientes pactos europeos, dentro de los cuales casi nadie niega que es muy difícil practicar una política de izquierdas, pero Hollande en el poder tendría seguramente un gran problema para decir que no a Merkel.

LA LUCHA. Si en 2007 Royal logró movilizar a cientos de miles de jóvenes desencantados de la periferia, esa esquina entre el primer y el tercer mundo donde las cifras de paro y delincuencia triplican la media nacional, nada hacía indicar hasta ahora que las presidenciales de 2012 fueran a jugarse al otro lado de las circunvalaciones urbanas. Pero las previsiones de abstención se mueven en niveles cercanos al 20%, mucho más altos que hace cinco años, y los candidatos saben que parte de esa desafección procede de los suburbios.

De modo que Hollande, cuyas posibilidades dependen de galvanizar una gran movilización antiSarkozy, decidió pasar el fin de semana haciendo un pequeño Tour de Francia para sellar sobre el terreno sus compromisos genéricos por el cambio, la juventud y la igualdad, y reiterar sus promesas de facilitar el acceso a una vivienda digna y aprobar el llamado contrato de generación, que prevé dar ayudas a las empresas que contraten a jóvenes y mantengan el empleo de los veteranos para que estos enseñen el oficio a los nuevos. También habló a favor de los migrantes, golpeados con dureza por las políticas del actual presidente.

Sarkozy replicó acusando a su oponente de ser como el Tartufo de Molière, y de representar a "esa izquierda caviar que se permite dar lecciones de moral sobre inmigración aunque vive en el Boulevard Saint-Germain".

LAS CIFRAS

54%

Entre 54% y 57% sacará Hollande en la segunda vuelta de las presidenciales, en mayo, según las principales encuestadoras.

30%

Son los franceses que aún están indecisos según los sondeos; un 20%, en tanto, dice que no piensa votar en los comicios.

Sarkozy agita el miedo a la crisis económica

EL PAÍS DE MADRID

PARÍS | "No se hace campaña preparando la ruina del país que se pretende amar". Esta sentencia de Nicolas Sarkozy marca el tono entre desabrido y apocalíptico que ha invadido la campaña de las presidenciales francesas a solo días de que se decida la primera vuelta. Mientras los mercados financieros vuelven a mostrar síntomas de pánico y Europa zozobra otra vez, el presidente y su primer ministro, Francois Fillon, afirmaron que si gana las elecciones el socialista Francois Hollande, "habrá una crisis de confianza masiva y volverá la especulación contra el euro".

Sarkozy ha redoblado en los últimos días sus ataques contra el socialista para tratar de arrastrar a las urnas a la "Francia silenciosa" (la parte de la población menos cultivada y más temerosa), a los centristas que van abandonando a Francois Bayrou, a los indecisos (todavía un 30% según las encuestas) y a los abstencionistas (20%).

La estrategia a la desesperada, en vista de que la victoria en la segunda vuelta sigue estando a 10 puntos para Sarkozy, es sin embargo un clásico en cualquier elección, y consiste en agitar el espectro de la llegada al poder de una izquierda financieramente irresponsable, dispendiosa y aficionada a subir los impuestos y a redistribuir los recursos abusando del talonario social.

Fillon, que llegó a la jefatura del gobierno en 2007 diciendo que Francia estaba en "estado de quiebra", afirmó el miércoles en un pequeño mitin ante 1.000 personas en Versalles que si Hollande gana las elecciones el 6 de mayo, "al minuto siguiente" aumentará el riesgo de que Francia "sea desclasada" y regresen "los ataques especulativos contra el euro".

Según Fillon, la razón es que Hollande quiere renegociar el tratado europeo (para añadir crecimiento y solidaridad a la austeridad), y llegar al déficit cero en 2017, no en 2016 como Sarkozy.

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