BOGOTÁ | Fernando Botero, el pintor colombiano más universal, soñó recientemente que un ángel le pedía donar su colección El viacrucis al Museo de Antioquia, donde se exhibía en el marco de los homenajes que su ciudad natal, Medellín, le ofrecía.
Botero no dudó en cumplir con el mandato y su obra, que estaba de paso por esa ciudad, se quedará exhibida allí junto a los demás cuadros que ya había donado. En los últimos años, el pintor se ha ido desprendiendo de varios de sus cuadros y de parte de su colección personal, para donarlos tanto al Museo de Antioquia, que tiene la colección más grande de su obra, como al que lleva su nombre en Bogotá. Las donaciones comenzaron años atrás pero hasta ahora no estuvieron motivadas por sueños. Botero fue entregando decenas de óleos, esculturas y dibujos con la única advertencia de que pudieran ser vistos por cuaquier persona sin que se cobrara entrada, al menos en Bogotá.
Después de décadas fuera del país, entre París, Nueva York e Italia, Botero decidió iniciar un retorno paulatino, a través de sus trabajos, a su lugar de origen y fuente de inspiración de sus cuadros y esculturas.