Les preocupa el aumento de la delincuencia y que la sociedad no comprenda "del todo" la función policial. "Somos simples auxiliares de la justicia", dicen los estudiantes de la Escuela Nacional de Policía. La institución tuvo récord de inscriptos.
Eduardo Olivera (22) se recibirá en diciembre como oficial subayudante, después de cursar tres años en la Escuela Nacional de Policía. Es oriundo de Lavalleja y a los 18 años ingresó a trabajar en la seccional novena del departamento, que está instalada en el pueblito Pirarajá en Ruta 8, kilómetro 217. Dos años después quiso "superarse" y comenzó a estudiar en la escuela de Policía.
Dice que no ingresó por vocación, sino por curiosidad, pero que cuando comenzó a cumplir funciones la tarea le gustó. De a poco comenzó a molestarle que "se hable mal de la institución" y a entender situaciones que antes no podía comprender.
"No entendía, por ejemplo, cuando veía a cuatro policías con una persona desacatada y no podían controlarlo. Pero me di cuenta que para entender eso hay que estar del otro lado y ver la responsabilidad y las limitaciones que tiene un policía", asegura el futuro oficial.
Olivera tiene su propia visión de porqué hoy "suceden cosas" que antes eran "inimaginables" y, por tanto, representan un desafío para la policía y la sociedad. "Creo que la seguridad pública está afectada hoy en día por la forma en la que se están criando a los niños, por la educación que reciben. Las cosas cambiaron. Que haya niños que con 12 años cometan delitos es algo que preocupa a la policía", afirma Olivera y recuerda los valores que le inculcaron sus padres.
"A mí, por ejemplo, en mi familia me enseñaron a respetar a las autoridades y hoy eso no está funcionando. Me pasa que me insultan porque estoy uniformado, y no importa la edad. Te insulta gente adulta hasta niños de no más de 10 años, que obviamente repiten lo que ven", se lamenta el joven.
INSCRIPCIONES. La Escuela Nacional de Policía tuvo este año récord de inscripciones: se anotaron 137 aspirantes a cadete. Hoy quedan 125. "Siempre hay un período de adaptación, que va hasta el 26 de mayo, aniversario de la institución. Durante ese tiempo hay gente que se va porque se da cuenta que no es lo que quería, que no es su vocación", explicó a El País la directora del centro, María Cristina Domínguez y aseguró que en general deserta un 10% del total de inscriptos.
Sin embargo, la Escuela de Policía es la excepción este año entre los centros de formación de oficiales, ya que tanto la Escuela Militar, la Naval y de Aeronáutica tuvieron un descenso en el número de inscriptos. En la Militar, por ejemplo, indicaron a El País que se anotaron 71 personas, 20 menos que el año pasado.
Según Domínguez, entre las motivaciones que exponen los jóvenes que llegan con el afán de ser policías está el "sentimiento de defender a las personas", la "experiencia de policías en la familia" y -en el caso de las mujeres- el desafío de ingresar en una profesión "muy masculinizada" y de constante superación. Tal es el caso de María de los Santos, cadete de tercer año de la escuela, que además tiene un pasado policial en la familia.
"Me crié en una familia de policías y siempre me gustó la seguridad pública. Me interesa mucho la policía comunitaria porque creo que la policía tiene que estar más con la sociedad, entenderla mejor y anticiparse a los hechos. Por ejemplo, si hay un núcleo familiar complicado conocerlo y trabajar con él, antes de tener que reprimir", explica María.
Cuando se reciba, dice, le interesaría trabajar en la capital o en la zona Metropolitana. "Es más complicado pero es mejor para nosotros que recién salimos porque las cosas que ocurren acá no se ven en el interior", dice convencida.
Al igual que muchos de sus compañeros de estudio, María de los Santos se lamenta cuando, muchas veces, se carga las tintas sobre la función policial y nota una falta de comprensión de la sociedad sobre la tarea policial.
"La gente no comprende bien la función policial. Nosotros somos auxiliares de la justicia y realizamos lo que el juez dictamine. Un vez que actúa la justicia no tenemos nada más que ver con el detenido. A veces escuchamos: `Ah, lo detuvieron y ya está suelto ¿dónde está la policía?`. Y no es la policía, es la justicia la que decide. Con los menores también estamos muy limitados. Ese es uno de los mayores problemas que tenemos con la sociedad", reflexiona la joven estudiante.
Escuela abrirá una comisaría
La Escuela Nacional de Policía abrirá, sobre Camino Maldonado y en el mismo predio de la institución, una comisaría. Allí los estudiantes pondrán en práctica los conocimientos aprendidos en las aulas y se enfrentarán a situaciones cotidianas de cualquier seccional.
La apertura de la comisaría en la escuela ilusiona a los estudiantes, que sienten la necesidad de estar en contacto con la sociedad mientras están estudiando. "A nosotros eso nos va a venir muy bien, porque una cosa es practicar acá adentro y otra es estar en la calle, cara a cara con la situación", dice la estudiante María de los Santos.
La comisaría, además, colaborará con la Seccional 16° cuya jurisdicción es muy amplia. Tiene bajo su órbita 176 asentamientos y 30 complejos habitacionales. En total, la Policía estima que en la jurisdicción de dicha seccional habitan 180 mil personas.
"Va a ser muy útil para nosotros pero también para la zona que necesita mucha presencia policial", indicó la directora de la escuela, María Cristina Domínguez.
Además de los estudiantes, podrán trabajar en la nueva comisaría, algunos de los 400 policías que se desempeñan en la escuela.
PERFIL DE LOS QUE INGRESAN
Desde el año 2010 viene en aumento la cantidad de inscriptos civiles, al igual que las mujeres. "Las mujeres, también, son cada vez más en la Escuela de Policía año a año. En la época que yo era alumna de la escuela éramos una o dos por año", recuerda la directora del centro, María Cristina Domínguez. Actualmente hay 65 alumnas mujeres, de un total de 295 alumnos.
Para su ingreso, todos deben cumplir las mismas exigencias: tener bachillerato completo y salvar todas las pruebas de ingreso, que se dividen en pruebas físicas, médicas y culturales. Cada una de las pruebas es eliminatoria.
La única diferencia responde a la edad. A los policías se le exige que tengan entre 18 y 32 años para ingresar a la Escuela mientras que el límite de edad para los civiles va de entre 18 años a 24 años.
De los 295 alumnos que tiene la Escuela de Policía estudiando para oficial ayudante (grado con el que egresan de la institución) la mayoría proviene del interior del país. Sin embargo, Montevideo es el departamento desde donde llegan más alumnos.
En general son solteros, sin hijos y tienen de 23 y 26 años.