Dilma y Cristina, dos mundos aparte

Bombardeado por las truculentas noticias que a diario llegan de Argentina, de la cual cada día parecemos más una provincia por la dependencia cultural e informativa, el presidente Mujica podrá ver una realidad muy distinta en la visita a Brasil que inicia hoy. Una visita que tiene marcados intereses comerciales, pero que por encima de eso le permitirá respirar el oxígeno saneado de un país pujante, en crecimiento, y con un rumbo claro de hacia donde se dirige.

En Brasil el gobierno no está peleado con la prensa. En Brasil no se hostiga a los empresarios. En Brasil no hay cortes de calles. En Brasil nadie habla de imperialismo o de "sustitución de importaciones". Y eso que estamos ante una de las naciones más desiguales del mundo y con problemas sociales lacerantes. Pero el gobierno, los sindicatos, y la oposición tienen claro que su país va por buen camino, que si persisten en la línea de los últimos años, todos tienen para ganar, y que en el mundo actual no hay atajos voluntaristas para llegar al paraíso.

Por ejemplo, días atrás la presidente Dilma Rousseff encabezó en Nueva Delhi la cumbre de los países "BRIC" (Brasil, Rusia, India y China) donde aprovechó para hacer declaraciones trascendentes. La más llamativa para nosotros, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de alguien "de izquierda", tal vez sea cuando dijo que "tengo plena conciencia de que Brasil precisa reducir su carga tributaria". Esto en el marco de una política estatal que procura aumentar el nivel de inversión privada para potenciar la competitividad del país.

O sea, para decirlo en palabras fáciles, mientras algunos países apelan al proteccionismo o a devaluar su moneda para enfrentar la crisis global, el gobierno del PT piensa hacer una reforma tributaria que baje los impuestos al sector privado, para que este invierta en tecnología y capacitación, y así sus productos sean más competitivos a nivel global. Dilma prometió una discusión "calma, tranquila y realista" para analizar el tema, lejos de la exuberancia confrontativa y discursiva tan en boga en otros sitios. No contenta con eso, la presidenta de Brasil afirmó que las devaluaciones pretenden bajar los costos de las empresas rebajándole el sueldo a los trabajadores, mientras que la inversión hace que las empresas sean más competitivas aun pagando salarios mayores. Esto es así porque con la inversión los trabajadores producen más con el mismo esfuerzo.

Y los números parecen darle la razón. En marzo las exportaciones de Brasil crecieron un 3,5% en comparación al mismo mes del 2011. La balanza comercial del país ha experimentado en este año un superávit de 2,1 billones de dólares, el mayor desde el 2007. Y esto pese a que las importaciones también crecieron fuertemente. Pero no son estas las únicas cifras que muestran el éxito de la visión moderna y sin complejos ideológicos de Brasil. Desde lo que tiene que ver con fríos índices económicos, como ser el crecimiento del PIB que este año será del 4,5%, o la inflación, que se mantiene por debajo de la meta oficial del 4%, hasta lo social, donde solo el año pasado casi 3 millones de brasileños salieron de la extrema pobreza para ingresar al llamado "estrato C", una clase media baja que ya representa el 54% de la población. Según el estudio, un total de 63,7 millones de brasileños ascendieron socialmente desde 2005. Una muestra clara de que sin "comercio administrado", sin prepotencias, y sin avasallar a nadie, se pueden lograr resultados mucho mejores, y perdurables en el tiempo.

Este será el panorama que encontrará el presidente Mujica en Brasil. Un panorama que en relación a nuestro país muestra que mientras que en el primer trimestre de 2012 hubo 100 partidas arancelarias que "dejaron de ser exportadas" hacia Argentina, Brasil se fortalece como nuestro principal mercado, donde colocamos más del 20% de nuestras exportaciones, creciendo un 11% en relación al mismo mes del año pasado.

Está claro que Brasil no es el paraíso en la tierra, y que ese país tiene enormes desafíos para lograr una sociedad más justa y equitativa. Pero, como dicen los economistas, lo que importa no es tanto la imagen de un momento, sino la tendencia. Y en ese sentido hay señales inequívocas de que manteniendo las buenas relaciones, las políticas sanas, y la dignidad en alto (no hace falta ser estribo de nadie), nuestro país tiene en su vecino mayor un "norte" que marca el camino a seguir para lograr una inserción comercial exitosa, y una economía pujante.

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