Estoy emocionado. Profundamente emocionado. Durante los últimos días he venido recorriendo un camino de recuerdos asociados a una emoción que mañana cumplirá 25 años.
Evoco la fecha de nacimiento de "Buenos días" reconstruyéndome en la memoria el amanecer del 3 de abril de 1987, cuando con una expectativa que nunca abrí el ejemplar de mi compañero de toda la vida y me dispuse a leer la nota inaugural de la columna. Tres minutos después, me felicité de haber aceptado el pedido de mi querido amiguísimo Daniel Scheck, que día a día insistía en la necesidad de darle al lector unos instantes de alivio, que le permitieran emerger del turbulento mar de pésimas noticias que hay que registrar para no deformar la información.
-Y vos sos el tipo para escribir esas notas... (había vaticinado).
Traté de defenderme del alevoso ataque con una insistencia que resultó inútil: lo único que logré para no defraudarlo del todo, fue prometerle que yo haría tres notas de prueba que iría sometiendo a su juicio... (en la íntima esperanza de que me "bochara"). Aún como simples "borradores" se hizo imposible aprobarlas.
-No es esto, pero no importa. En la cuarta, seguramente la embocarás... Dos columnas semanales, no más. Prepárate para salir en abril.
Estábamos a mediados de marzo, y recibiendo a las primeras hojas otoñales había que pensar en mensajes optimistas... Nada más difícil.
Confieso que solamente una vez me sentí peor desde el día en que nací, el 7 de noviembre de 1917. (El otro acontecimiento de esa fecha fue el estallido de la Revolución Rusa). Recién abandonaba una posición incómoda, arribando a la vida y no sabía cómo hacer para conseguir empleo. ¡Un horror!
-No te preocupes por provocar carcajadas. La batalla está ganada si obtenés sonrisas.
Y allí comenzó mi calvario. El público sufre todavía hoy las consecuencias del desatino... y aquí estoy yo, festejando mis Bodas de Plata con "Buenos días".
Gracias, pues, por tanta cordial adhesión de ustedes, los responsables de que esto continúe: merecen el "Oscar" de la tolerancia. Gracias, también, a los amigos que no conozco y me estimulan para seguir hasta las tres mil notas. Gracias a quienes, dentro del diario, escondieron la tijera en un cajón de la administración y no cortaron este placer de lunes y jueves. Mañana es "el cumple". Brinden conmigo, por la amistad...
Y tú, "Danny"... levantá la copa... Más alto... más... Así... Por ser como sos, y quererte como te quiero... ¡Salud, gran lobizón!!!