La guerra de las Malvinas, que se extendió por 74 días, finalizó tras la muerte de 645 soldados argentinos, la mitad tripulantes del crucero General Belgrano, 255 británicos, en su mayoría personal de la Royal Navy, y tres mujeres de las islas por fuego de la artillería inglesa en la fase final del enfrentamiento. Hubo también miles de heridos.
El arma más letal de los británicos fue el submarino nuclear de ataque Conqueror, que provocó 323 víctimas entre los tripulantes del Belgrano, y luego su Infantería, que castigó duramente a los argentinos hasta empujarlos hacia un reducido reducto en torno a Port Stanley. El instrumento más eficaz de los argentinos fueron sus aviones, tanto de la Fuerza Aérea como los Super Étendard de la Armada con sus cinco misiles Exocet.
Murieron 65 pilotos, tripulantes y personal de tierra de la aviación de Argentina, en su gran mayoría de la Fuerza Aérea. Se perdieron más de 60 aviones, en particular A-4, Dagger y Pucará, y decenas de helicópteros, en total unos 100 aparatos.
El Ejército argentino abandonó en Malvinas gran cantidad de material: blindados, artillería, ametralladoras y fusiles, montañas de alimentos y una amplia variedad de equipos. La Armada perdió un crucero (el Belgrano), un viejo submarino, tres mercantes y dos buques menores.
Los británicos perdieron dos destructores (Sheffield y Coventry), dos fragatas (Ardent y Antelope), dos buques de desembarco (uno fue rescatado), una lancha y un gran barco portacontenedores (Atlantic Conveyor). Otra decena de barcos recibió daños de diversa consideración. También perdieron 10 aviones Harrier y 24 helicópteros de tipo diverso.
La guerra, que nunca es barata, significó una pesada carga para la economía de ambos países, en particular para Argentina, que ya antes del conflicto estaba en bancarrota y exhibía una de las deudas externas per capita más grandes del mundo.