DANIEL HERRERA LUSSICH
La inseguridad ciudadana no descendió ni un solo escalón. Es el problema que más afecta, e inquietudes despierta, a todos los uruguayos. Nadie se salva de los delincuentes de todas las edades, quienes con igual sangre fría golpean a una señora, balean al dueño de casa o al comerciante que amaga a resistirse. Nada mejoró en los últimos tiempos.
Es cierto que se observan más patrulleros en las calles pero no con demasiada asiduidad como para dar algún esperanzado aliento sobre la perspectiva de una disminución de los delitos, que se denuncian en el día a día. Tampoco se observan los efectos de la mejora de las comunicaciones internas de la policía, según anunció con bombos y platillos el Ministro del Interior con su habitual tono de Papá Noel. Nadie se siente seguro aun con las medidas de protección y "fortalezas" con las que han rodeado sus casas o comercios.
En la actualidad los vecinos en los barrios restan horas al sueño y han formado sus propios métodos de vigilancia y de "ojos alerta". Las rejas, alarmas, cámaras de vigilancia y todos esos elementos que veíamos normalmente en las películas de James Bond han dejado de ser novedad hasta para los niños. Las noticias de muertes, heridos, golpizas y la multiplicación de la droga en manos de jóvenes de 12, 13 y 14 años encabezan todos los informativos. Y nuevamente se da la paradoja, según expresiones del edil nacionalista Edison Casulo, de observar que los vendedores de drogas y especialmente de pasta base también defienden sus drogas del robo de otras bandas de narcos y protegen con rejas y cámaras de video sus guaridas donde venden a menores o mayores como si fuera un almacén sin barreras, sin reglas ni prohibiciones. Y no se alteran si van presos.
Es tan grande el negocio, dijo el edil, que apenas el jefe de familia narco marcha a la cárcel le sucede un familiar, desde la compañera a los hijos o un hermano. Esta dolorosa y dura realidad se ha convertido en una escena extraída de un "thriller" que se exhibe con poca censura en casi todos los barrios de la ciudad. Estos tristes episodios se ven, señalan las fuerzas vivas capitalinas, y es una escena regular en cualquier lugar de Montevideo y en los más diversos niveles sociales. El mal golpea por igual a todos. Y la prueba más concluyente de la ineficacia de la lucha contra la inseguridad ciudadana es que el 72% de los delincuentes procesados son reincidentes. No hay duda que las fallas son grandes y también las responsabilidades.
GRAVEDAD. La crisis de la educación se observa a diario, con edificios en ruinas que arriesgan la vida de profesores y alumnos. Y como consecuencia todo deriva en huelgas y paros que afectan a la juventud de todo el país. Hay alumnos que todavía no han abierto un libro y no han recibido la primera lección del año.
Asimismo, el nuevo sistema de salud no da resultado, es ineficiente, caro, inaccesible en los costos de exámenes y medicamentos en mutualistas y servicios públicos. Faltan controles: casi no hay necesidad de insinuarlo luego del horror protagonizado por los enfermeros homicidas. Los escasos controles resultaron en un drama que ha llevado a todos a un estado de alarma y temor, que a medida que se suceden los días crece y no se amortigua. Hasta ahora solo los asesinos están tras las rejas. Pero las responsabilidades administrativas, técnicas y políticas ni se mencionan. Y que las tiene que haber habido es el pensamiento o la duda de la mayoría. Siguen en funciones los encargados de los controles, a nadie se ha separado del cargo preventivamente. Más aun, se anunció públicamente que no se sancionará a nadie. Murieron personas que habían sido dadas de alta, otras que estaban graves, pero no moribundas, bajaba misteriosamente el stock de morfina y alguna otra droga y todo sigue igual. Se dijo que si la investigación se hubiera informado al ministerio de Salud Pública el mismo día que se inició, por lo menos, se podrían haber evitado dos muertes. Nada más se habla del tema o de medidas preventivas inmediatas o se prometen detalles más avanzadas las indagaciones. Silencio y ausencia de responsabilidades parecen ser las normas.
CASI UNA REGLA. Hasta ahora todas las tintas sobre la inseguridad se cargan sobre el ministerio del Interior. Obviamente que no sin razones. Sin embargo en la mayoría de la Administración Pública la norma apunta a eludir las responsabilidades ante hechos que agitan a toda la opinión. Ello ocurre en especial en Montevideo, donde vive más de la mitad de la población.
Nadie puede olvidar el lamentable episodio que sacudió a todos por la horrible muerte de la joven arquitecta, aplastada por un gigantesco eucalipto centenario con las raíces enfermas, cuando conducía, acompañada de sus dos pequeños hijos. Recordarán las confusas explicaciones que se dieron en aquel momento y el traslado de culpas de uno a otro. Nadie asumió las responsabilidades. Ante la indignación de la gente se inició una investigación a nivel municipal bajo la promesa que en un mes se darían a publicidad resultados. Han pasado tres meses y todo sigue en indagaciones, en un clima de extraño misterio.
Y los habitantes de la capital tienen plena conciencia de las culpas y el escamoteo a las responsabilidades. Las encuestas fueron categóricas cuando dieron a luz que Ana Olivera era la jerarca comunal con más bajo índice de aceptación entre los 19 intendentes.
Hace pocas semanas cayó otro enorme y añejo eucaliptos en Carrasco, en la calle Murillo. Esta vez por casualidad no hubo que lamentar víctimas. Pero hoy la gente exige responsabilidades y medidas a la Intendencia para evitar esos terribles sucesos y dar los pasos necesarios para colaborar, por lo menos, ante la inseguridad pública. Y sí, el hecho de que un árbol caiga sobre un automóvil en marcha y mate a una persona no es un accidente que denuncia la ausencia total de controles técnicos; también está comprendido dentro de la inseguridad púbica que vivimos a diario. Y volvemos sobre lo mismo y que es un clamor de la gente: ¡que se asuman las responsabilidades, es demasiado amplia la gama de sucesos trágicos que golpean a la sociedad para que lavarse las manos resulte la norma!