LA HABANA | "Que Cuba se abra al mundo, para que el mundo se abra a Cuba", declaró Juan Pablo II en enero de 1998 en La Habana, durante la primera visita de un papa a Cuba, que marcó el deshielo en las relaciones entre la Iglesia católica y el régimen comunista tras cuatro décadas de enfrentamiento.
Misas campales en cuatro ciudades, doce discursos, bienvenida de Fidel Castro todavía en la cima del poder: la visita del papa polaco, un anticomunista convencido al que se atribuye un papel en el derrumbe del bloque soviético, marcó la historia de Cuba.
La isla era el único país de América Latina que Juan Pablo II no había visitado desde su ascenso al papado, 20 años antes. Desde que llegó al poder en 1959, la revolución de Fidel había intentado suprimir a la Iglesia y la religión en la isla. Incluso el actual cardenal Jaime Ortega, de 75 años, conoció como otros prelados los campos de trabajo en los años 60.
El carisma de Juan Pablo II cosechó incluso alabanzas de Fidel, quien se había reunido con él por primera vez en noviembre de 1996 en el Vaticano, en el marco de una cumbre sobre la hambruna organizada por la FAO en Roma.
El padre de la revolución cubana admitió poco después de ese encuentro que había conocido a un hombre "de gran bondad y realmente noble".
"Fidel fue el presidente que mejor atendió a Juan Pablo II", dijo años después el actual secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone.
En sus mensajes apostólicos, consagrados a la familia, a la patria o al lugar de los laicos en la sociedad, Juan Pablo II evitó los temas de mayor divergencia e incluso condenó el embargo que Estados Unidos mantiene sobre la isla desde 1962.
Acostumbrado a enfrentar cara a cara a las autoridades comunistas desde que era sacerdote y luego obispo de Cracovia, en Polonia, Juan Pablo II pidió clemencia para los presos políticos y reformas que combinaran libertad y justicia. Pero no sostuvo encuentros con opositores, como tampoco planea tenerlos su sucesor Benedicto XVI.
A la muerte de Juan Pablo II en 2005, Cuba decretó tres días de duelo nacional, algo que hacía sólo cuando fallecía un aliado político.
Fidel está alejado del mando desde 2006 debido a problemas de salud, y correspondió a su hermano y sucesor Raúl acercarse más a la Iglesia, mediante un diálogo directo con el cardenal Ortega que hizo que hoy la Iglesia católica sea el único interlocutor del gobierno cubano, en ausencia de toda oposición legal. AFP