AURORA DIAZ-RATO(*)
Este año se cumple el bicentenario de la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzo de 1812, referente fundamental en la historia de la libertad para los iberoamericanos y que debemos, por tanto, celebrar "iberoamericanamente": Cádiz será anfitriona de la XXII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, que tendrá lugar en los próximos 16-17 de noviembre.
"La Pepa" (como se conoció al texto gaditano popularmente) significó un punto de inflexión para todos. A Cádiz viajaron diputados elegidos de todos los puntos de la Iberoamérica actual, allí se sustituyó el término "Indias" por el vocablo "América", y resulta especialmente significativo que el artículo 1° definiese a la nación española como "la reunión de los españoles de ambos hemisferios", reflejo de la importancia de la vocación global de abrazar las dos riberas que desde el principio revistió el esfuerzo constitucional de Cádiz. Hace 200 años, la Constitución de Cádiz inspiró a los iberoamericanos en sus aspiraciones de libertad e independencia. Los principios de soberanía nacional, libertad individual, representación, separación de poderes e igualdad ante la ley que se recogen en aquel texto, tuvieron un gran impacto en los procesos de emancipación de las modernas naciones iberoamericanas, y quedaron recogidos en muchas de sus nuevas constituciones. Desde Uruguay viajó Rafael de Zufriategui para colaborar en la redacción del texto en Cádiz y las influencias de la norma gaditana se dejan ver claramente en la primera Constitución oriental de 1830. En Cádiz, los iberoamericanos dejamos de ser súbditos y nos convertimos por primera vez en ciudadanos libres, iguales en derechos y deberes.
Con la próxima XXII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, los países iberoamericanos tendremos la oportunidad inmejorable de pensar y debatir sobre cómo construir "Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz". Sobre el importante activo de valores y experiencias compartidas, deberíamos ser capaces de generar una mirada propia, que pueda contribuir con elementos claves para construir una respuesta a los grandes temas que tiene hoy la sociedad internacional. Como protagonistas de muchas de las transformaciones actuales, los iberoamericanos debernos aportar, como hicimos en 1812, nuestra visión en la búsqueda de soluciones en estos tiempos de cambio. Una visión que aporte los valores de equidad y justicia social que forman parte de nuestro ADN común. Una visión que no es única, sino múltiple, pero es justamente la suma de todas lo que enriquece el punto de vista iberoamericano.
Latinoamérica tiene la opción de pensarse desde sí misma y no desde fuera, y es sobre esa base que debemos de construir una relación más equilibrada, que nos permita definir el protagonismo que Iberoamérica ha de tener para la Unión Europea y aprovechar al mismo tiempo las posibilidades que ofrece el convertirnos en punto de encuentro con las economías asiáticas. En la Comunidad Iberoamericana vivimos unos 550 millones de ciudadanos, que reclamamos voz en la construcción de la nueva arquitectura internacional, convencidos del valor singular de esta mirada bicontinental.
En la Cumbre de Cádiz queremos dedicar especial atención a las políticas de crecimiento económico. El objetivo final del encuentro será el de reducir la pobreza en nuestras sociedades, favorecer la igualdad de oportunidades y consolidar el bienestar de nuestros ciudadanos: y esa es la razón para las reuniones ministeriales sectoriales (Economía, Fomento, Industria, Seguridad Social) previas a la Cumbre, y que prepararán el camino para asegurar el éxito de la reunión final de Jefes de Estado y de Gobierno.
Cádiz albergó en 1812 a iberoamericanos que soñaron con un panorama de libertad y de progreso. Doscientos años más tarde, queremos que la Cumbre sirva para reflexionar sobre cómo renovar nuestra relación y hacerla más equilibrada, centrar nuestros esfuerzos de cooperación por un mundo más justo, equitativo y cohesionado desde el punto de vista social y económico. Los ciudadanos iberoamericanos no solo comparten lenguas, historia y cultura: también comparten una lucha sostenida por el respeto a sus libertades políticas y derechos sociales que explica el contexto actual de bienestar social del que nos beneficiamos. Si solo buscamos avanzar en términos macroeconómicos dejando atrás a nuestros ciudadanos, no solo estaremos traicionando el espíritu de los constituyentes de Cádiz de 1812: también estaríamos renunciando a que Iberoamérica hable con voz propia en defensa de las personas y por un futuro mejor para todos.
(*) Embajadora de España en Uruguay