Una familia de Las Piedras busca un lugar para establecerse ya que está en la calle. Desde hace tres meses viven en el camping de Santa Lucía y ahora en un parador del lugar que de vez en cuando abre vendiendo bebidas y comidas.
Natalhie (23) y Sebastián (26) tienen dos hijos: Belén de 4 años y Agustín de dos. Llegaron a la ciudad limítrofe con San José y se instalaron en el camping. Pero el viento y la lluvia hizo que los instalaran momentáneamente en el parador del camping de Santa Lucía que, en ocasiones, abre para venta al público comidas y bebidas.
Con el fin del verano, los rebusques de la pareja se terminaron. Durante la temporada estival vendían leña, tortas fritas, cuidaron coches, motos y bicicletas.
Hoy sólo trabaja él "como changador" en una empresa local. Los días de trabajo, más o menos, Sebastián lleva a su hogar unos $ 400.
Los niños de la pareja ya comenzaron su ciclo lectivo: la mayor en la escuela y el más pequeño en el Centro Materno Infantil de la ciudad.
Esto hace que ella se sienta inhibida de tener trabajo momentáneamente. "No me animo a tomar un trabajo para después no poder cumplir", aseguró ayer en diálogo con El País. Sobre la pareja pesa una orden de desalojo de la Justicia, que ya debió haberse cumplido pero que se ha ido prorrogando de a 48 horas.
Si bien a ella le ofrecieron el Refugio de Las Piedras, quiere apostar a su matrimonio, dijeron a El País fuentes policiales.
En el refugio hay lugar para ella y los niños. Su esposo debería quedarse en Santa Lucía. Por otra parte, el refugio da albergue entre la hora 20 y las 8 por lo que, el resto del día, debería estar vagabundeando. Ellos no tienen problemas en volver a la ciudad pedrense si él consigue un trabajo.
Según afirma Natalhie, de Las Piedras se vinieron porque estaban alquilando una casa y al fallecer la dueña el inmueble quedó en sucesión. En esa ciudad canaria Sebastián hacía changas. Cortaba pasto y llegó a trabajar en un frigorífico local. Eligieron Santa Lucía porque pensaban trabajar con su tío, pero la zafra de corte de pasto no resultó como esperaban.
Actualmente, ella está indocumentada porque, afirman, le robaron todo. El próximo 18 de abril podrá obtener la cédula de identidad.
Las dificultades de la falta de empleo, más la preparación de los niños, sumado a la necesidad de obtener una garantía, hacen cada vez más difícil la situación de esta familia. Están dispuestos, dicen, a pagar hasta $ 1.500. Ellos piden igual un terreno en comodísimas cuotas para edificar una vivienda.
Viven de lo que él haga y de las asignaciones familiares. Esperan que alguien pueda ayudarlos. Para eso dan un celular: 094 79 25 09.