JOAQUÍN SECCO GARCÍA
Hay principios elementales de estrategia. Cuando se negocia, conviene obtener certezas acerca de los acuerdos. Son circunstancias que no se manejan con ideología, declaraciones emotivas o juramentos. Tampoco sirve subirse al estribo de nadie. Ya deberíamos haber aprendido de las historias de dos siglos de nuestra relación con los vecinos. Un país pequeño está obligado a ser inteligente para progresar. Los gobernantes lo repiten, pero terminan confiando en soluciones más cómodas.
El componente más vulnerable de nuestro comercio regional, está predominantemente compuesto por manufacturas producidas por Py-mes. Dos condiciones que dificultan la competitividad en el comercio internacional. Las Pymes son imbatibles en negocios que hacen necesaria la mirada cercana y permanente del empresario. Son negocios cuyos procesos y productos no se adaptan a empresas de gran dimensión y quedan en la órbita de Pymes. Se asemejan a las artesanías, las especialidades y el hecho a mano. Suelen ser emprendimientos que enfrentan mucha competencia, donde para establecerse no existen barreras tecnológicas, organizativas o financieras.
Las grandes empresas son más eficientes en emprendimientos de gran escala. Suelen ser capaces de interponer barreras a la entrada y operar en competencia restringida. En un mundo en el cual las manufacturas se están desplazando hacia regiones de enormes mercados, clusters bien organizados y bajos salarios, nuestra industria nacional la tiene complicada. Lo constata la evidencia cotidiana y su tendencia de largo plazo. El sueño de un país obrero e industrial, con chimeneas y sirenas, habrá que revisarlo.
Para 2012 se pronostica una desaceleración tanto de la industria manufacturera co-mo del sector agropecuario. El agro, el otro gran productor de bienes transables, enfrenta sus propias contingencias. El valor de la producción y las exportaciones ha crecido y continuará haciéndolo. Sin embargo, de acuerdo al MGAP, a fin de 2012 el PIB agropecuario no superaría al de 2006. En plena explosión de la demanda mundial, con precios inéditos, con acceso a tecnologías y modelos de gestión que mejoran notablemente la productividad, el sector está virtualmente estancado. Los buenos resultados se explican más por las cotizaciones internacionales que por los resultados físicos alcanzados.
Los bienes transables nos han ayudado a salir de sucesivas crisis. Pero, apenas se supera la coyuntura, se vuelve a una secuencia reiterada. Las políticas se encaminan hacia equilibrios que perjudican la competitividad y se manifiestan en: la ampliación del consumo y del gasto público, el aumento de las remuneraciones por encima de la productividad, rigidez en la oferta de no transables, inflación y apreciación cambiaria que estrangula la competitividad.
Se da la paradoja que en un contexto internacional muy favorable, enfrentamos problemas de competitividad en la producción de bienes transables. La explicación debe encontrarse en la escasa prioridad política asignada a la construcción de un sistema transversal de competitividad que permita independizar las actividades productivas del humor regional. Cuando surgen eventos críticos, se recurre a soluciones caso a caso a través de instrumentos que terminan siendo insuficientes, transitorios, frecuentemente ineficaces y a menudo injustos, ya que no alcanzan a quienes tienen menor capacidad para reclamar.