Mensaje lamentable

Los mensajes complementarios son una saludable obligación impuesta por la Constitución para que el Poder Ejecutivo informe a la Asamblea General sobre la gestión cumplida por el gobierno en el año inmediato anterior. En el pasado, configuraba una oportunidad para que la población tomara conocimiento de muchos hechos y decisiones que a veces no trascendían y con el tiempo, terminado el bipartidismo, fueron útiles para que la oposición verificara en qué forma se cumplían los acuerdos o se aplicaban las grandes líneas de política nacional que se hubieren determinado. Hay que reconocer que el Mensaje enviado por el Poder Ejecutivo el pasado 2 de marzo no cumple con ninguno de esos dos extremos y debe recibirse como un ejemplo lamentable y a la vez indirecto de la desastrosa gestión llevada a cabo por el equipo de gobierno.

En primer lugar, comienza por reconocer que "la tarea de gobernar no es fácil", confesión que ningún gobierno anterior formulara públicamente aunque pudiera haber compartido el pensamiento. No es la única vez que el Frente Amplio recurre a esa frase -ya la había utilizado en uno de los primeros tropiezos parlamentarios cuando no le funcionó la mayoría que tiene y no ha sabido aprovechar en el Parlamento-, pero que insista en ella demuestra que tampoco han sabido aprovechar el tiempo para aprender. La mayoría de la ciudadanía no los votó para que tomaran clase sino porque pensó que servían para algo. Y ahora ellos mismos reconocen que no han aprendido nada y que el paño les queda grande.

En segundo lugar, llama la atención que en las quince hojas que conforman el Mensaje, no figura ni una sola cifra. La única referencia que se hace a los temas tributarios es de carácter literario y no matemático, ya que se limita a decir que se "han superado las metas de recaudación tributaria", pero no se incluye ni una sola cifra de montos recaudados o invertidos ni de formas de inversión. Sobre todo cuando en los Mensajes anteriores, el primer párrafo siempre estuvo dedicado a reconocer abultados déficits fiscales, que se han ido acumulando lenta pero considerablemente, aplicándolos a fines no siempre compartibles, cubiertos ahora por una generosa colcha de autocomplacencia en la que bordaron frases como: "En el año 2011 se han superado las metas de recaudación tributaria, prosiguiendo una política de combate a la evasión fiscal y propiciando una cultura de cumplimiento de las obligaciones tributarias" o que "se va cumpliendo con creces el compromiso de darle a nuestro país cinco años más de manejo profesional de las economías" (?). Tal vez el único mérito en este aspecto es reconocer que el ciclo de bonanza es una consecuencia de la coyuntura internacional pero sin dar ninguna explicación sobre qué han hecho en esta época de vacas gordas para cubrirse cuando llegue la época de las vacas flacas. Que inexorablemente va a llegar.

Ya los había prevenido hace un par de años el Director Ejecutivo de Ceres, Ernesto Talvi, dando lugar a una lluvia de agravios oficialistas pero que cada año que pasa se ven confirmados en los hechos, incluso por ellos mismos. Ebrios en esa marea de autocomplacencia, se abanican con dichos donde aluden a frases que ni los inversores deben compartir, como esa en la que se ufanan de que el país les ofrece "un marco jurídico estable". Eso no se lo cree nadie y habrá que ver qué legisladores levantaron su mano compartiendo ese desvarío.

En los otros grandes temas nacionales no se apartan tampoco de esa línea de crítica, y es así como siguen elogiando el Sistema Nacional de Salud, identificado en su momento como el buque insignia del gobierno y al que ha sido necesario hacerle más reparaciones que a los buques coreanos incendiados en el Puerto e insisten en las soluciones que creen haber aportado al problema de la educación, cuando el tema sigue siendo polémico incluso por dentro del oficialismo.

En esa materia merecen incorporarse las presiones políticas de los sindicalistas del Partido Comunista -socio en el gobierno-, acusado de haber propuesto "bajar la pelota" en el conflicto con Secundaria y "no hacer olas" hasta después de las elecciones en el Frente Amplio". En otra época la difusión de ese ejemplo de politización hubiera dado lugar a un escándalo. Hoy le siguen faltando el respeto al Parlamento y no pasa nada.

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