álvaro casal
Un sastre húngaro, instalado en un mal ventilado altillo cerca de la Plaza Matriz, confeccionaba trajes con dos pantalones. De esa manera duraban más. Luego, al acercarse el final de la vida útil de aquellas prendas, tomaba el mejor de los pantalones y el saco, para darlos vuelta y estimular un renacimiento del traje (aunque con el ojal de la solapa en el lado incorrecto). A esta altura, se supondrá que el gastado conjunto habría cumplido con creces su ciclo. Sin embargo, no: todavía faltaba que aquel viejo inmigrante, con los restos de la chaqueta y los pantalones de mi padre, hiciera un trajecito infantil.
Tiempos difíciles. Eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y había que ahorrar. UTE intentó hacer funcionar una usina térmica quemando choclos secos que ahumaron mucho, cubrieron la ciudad de hollín y dieron poca energía. Era tal la escasez de neumáticos que algunos los rellenaban con paja, dado que ya no retenían el aire. Estaba tan reducido el suministro de nafta que muchos optaban por equipar los autos con "gasógenos" cuya construcción fomentaba Ancap. Resultado: los autos, impulsados por gas de carbón de leña, perdían un sesenta por ciento de la potencia, pero lograban avanzar sin ingerir nafta. En casa prefirieron cambiar el auto por unas bicicletas. Está todo dicho.
Estos sucesos vinieron al recuerdo ante la noticia de que luego de años de despilfarro, en Europa la crisis del euro y el ajuste económico llevan a emular la austeridad de la guerra y la inmediata posguerra. Especialmente en Inglaterra, donde se sufrieron tantas penurias en la década del Cuarenta y comienzos de los años Cincuenta. Para tener una idea de lo que fueron aquellos años, es bueno comparar algunos números: antes de 1939 el Reino Unido importaba 55 millones de toneladas de alimentos. Tras un mes de conflicto, el número disponible arañaba los 12 millones y el Ministerio de Alimentos empezó a distribuir libretas de racionamiento.
Hoy los sobrevivientes de aquella dura época se suman a gentes de todas las edades que nunca pensaron que tendrían que escuchar y aplicar consejos del siglo XX que los ayudaran a sobrevivir en el XXI. Es así que han surgido los "Super Scrimpers" o su-perahorradores que tienen su propio programa de televisión, presentado por una especialista del "Financial Times" quien junto a una legión de colaboradores durante una hora de TV guerrea contra la crisis económica con consejos e información. Mucho de lo aportado ha sido extraído de tiempos pretéritos, cuando se reciclaban en una olla las sobras de jabón, se remendaba la ropa una y otra vez, se promocionaban las huertas urbanas y se hacían circular recetas de cocina como la de hacer budín de pan bajo el lema "Waste not, want not" (no desperdicie y no pasará necesidades).
No es probable que los ingleses vuelvan a las libretas verdes de racionamiento, cuyos cupones no adjudicaban al portador más que una barra de jabón al mes y una muda de ropa al año. Pero no hay miras de que la bonanza de los últimos años vaya a volver prontamente. Mientras tanto, en Uruguay, no se sienten coletazos de la crisis del Viejo Mundo y aunque se lleguen a sentir, ¿será posible que alguien reflote costumbres como la de usar trajes dados vuelta por un viejo sastre venido de Europa? Aun así, no estaría de más releer la vieja fábula de La Fontaine sobre la cigarra y la hormiga.
Luego de años de despilfarro, en Europa la crisis lleva a emular la austeridad de la guerra.