Joven de 19 años a prisión por homicidio en Canelones

Reconstrucción. Confesó que disparó con un arma larga

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La Justicia de Canelones procesó con prisión a un joven de 19 años de iniciales M.D.L.S. por la muerte de Carlos Sebastián Ocampo asesinado en la madrugada del sábado tras una pelea.

Ayer por la tarde, la jueza María Noel Odriozola encabezó la reconstrucción del crimen que presenta aristas extrañas, más allá de que el joven ahora procesado admitía en principio haber dado muerte a Ocampo. No obstante, ayer se esclarecieron varios puntos del caso que no estaban del todo dilucidados.

El hecho con trágico final comenzó con una pelea entre dos jóvenes. El fallecido peleó con otro jovencito menor de edad. Este último fue a buscar a su hermano "que compró la pelea para él", dijeron ayer a la prensa altas fuentes policiales.

Ese mayor de edad apareció en el lugar con un rifle que cargó con balas calibre 22, y con ella dio muerte a su contendiente, hecho con el cual "vengó" aparentemente, la paliza que Ocampo le dio a su hermano.

La duda que ayer se intentaba esclarecer estaba vinculada al lugar desde donde el confeso homicida dice haber disparado. Es que el crimen sucedió dentro de una modesta casa de la calle Cigliutti, a metros de la populosa calle Rivera o "Ancha" como se le conoce en la ciudad de Canelones. Pero el balazo vino desde una esquina en diagonal, por lo menos a 80 metros. Y la casa donde murió el joven tampoco da a la esquina, sino que es la segunda vivienda.

"El cuerpo estaba rodeado de sangre dentro de la casa", es decir que allí murió, pero no hay un "agujero de bala" que haya atravesado la pared, explicaban los investigadores. El homicida dice que tiró varias veces para amedrentar a su contendiente. Pero uno de esos balazos lo impactó mortalmente.

El fallecido no vivía en ese lugar, pese a que varios vecinos así lo afirman. La Policía dijo a El País que vivía con su madre, a cuatro cuadras.

En la escena del crimen "funciona una boca de venta de droga". El comentario se reitera entre al menos media docena de vecinos consultados pero que tienen "miedo" (así lo confiesan) a las represalias y por eso declinan hablar.

Uno de ellos fue más allá: "no podés hablar porque te limpian", dijo.

"Se han hecho allanamientos acá pero a la búsqueda de objetos robados", dijeron los policías consultados por El País sobre la presunta venta de drogas. En el lugar vive un hombre solo que durante la reconstrucción fue protagonista, ya que salió de la casa a recriminarle al jovencito supuestamente golpeado, por haberle traído problemas a su casa.

Varios menores declararon en calidad de testigos. "Parecen dos barras enfrentadas, porque en ningún momento se juntan", comentaron los consultados.

Apenas pasaban las 15:30, hora fijada para la reconstrucción. Los chicos relataron, en el correr de una hora, paso a paso lo sucedido esa noche.

Cuando comenzó la reconstrucción, el presunto homicida bajó del patrullero. Solo alguien tímidamente dijo "asesino", en voz baja. Los demás, unos 30 vecinos, miraban la escena en calma tensa.

Este joven, sin antecedentes, llegó al lugar vistiendo chaleco antibalas y una campera negra con capucha, que siempre estuvo sobre su cabeza.

La jueza Ordiozola dijo a El País, en improvisada rueda de prensa, que los elementos que manejó para la reconstrucción fueron el arma encontrada y los chicos menores, cuyos testimonios fueron clave. La instancia "no cambió nada", lo que ya se sabía desde el momento del homicidio. Del autor, indicó que confesaba y admitía "en parte" el crimen.

El fallecido era hermano de "El Pajarero" un joven que a los 26 años murió en un tiroteo con la Policía de Canelones en 2007. Horacio Ocampo se había escondido en una casa y cuando fue rodeada logró salir y fugar al parque Artigas. Se resistió a tiros hasta que finalmente fue abatido.

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