Con excepción de dos, los 54 reactores comerciales de Japón han sido desconectados desde el desastre nuclear ocurrido hace un año, a raíz del sismo y el tsunami, y no resulta claro cuándo volverán a funcionar.
Se espera que el último de los reactores en operaciones deje de funcionar el próximo mes con lo que Japón -que en otros tiempos fue uno de los líderes mundiales en energía atómica- habrá cerrado, al menos temporariamente, una industria que generó la tercera parte de su electricidad.
Con pocas alternativas, el primer ministro, Yoshihiko Noda, hizo un llamado a reconectar las plantas lo antes posible, indicando que él apoya una gradual eliminación de la energía nuclear a lo largo de varias décadas. Pero, temiendo la oposición del público, indicó que no reconectará los reactores sin la aprobación de los líderes comunitarios locales.
Hasta ahora, Japón ha tenido éxito al evitar la falta de energía, gracias, en parte, a un programa drástico de conservación que ha involucrado la desconexión de los equipos de aire acondiconado en verano y de las luces de las oficinas durante el día. También ha incrementado la generación de plantas convencionales que usan el gas natural que es más caro y otros combustibles fósiles, en un país que ya está inquieto por su dependencia de las fuentes de energía extranjeras.
La pérdida de la energía nuclear ha perjudicado de otra manera: los economistas culpan a los precios de la energía más altos como causantes del primer déficit comercial de Japón en más de tres décadas, lo que ha debilitado al yen y suscitado preocupación sobre el futuro de la economía del país impulsada por las exportaciones. A medida que el tiempo se hace más caluroso, Japón enfrenta una posible crisis energética, si se tiene en consideración que en el verano anterior todavía contaba con 19 plantas nucleares en funcionamiento.
IMPACTO. En un nivel fundamental, el alejamiento de la energía nuclear subraya hasta qué punto el trauma del accidente de Fukushima cambió las actitudes en Japón, que durante mucho tiempo fue uno de los promotores más comprometidos del uso civil de la energía atómica. Expertos en política y energía describen una pérdida de fe nacional, no sólo en la tecnología nuclear de la que en otros tiempos Japón hizo alarde, sino también en el gobierno, al que muchos culpan por haber permitido que ocurriera el accidente.
"El 11 de marzo estremeció a Japón hasta las raíces de su identidad de posguerra", dijo Takeo Kikkawa, un economista que se especializa en temas de energía, en la Universidad Hiotsubashi, en Tokio. "Somos el país que sufrió por Hiroshima y Nagasaki, pero después mostramos que teníamos la tecnología superior y el conocimiento tecnocrático para domar con seguridad este imponente poder para al progreso económico pacífico. Los accidentes nucleares eran cosas que pasaban sólo en otros países".
Con la esperanza de mitigar las preocupaciones de seguridad de las comunidades locales, el gobierno ha pedido a los operadores de las plantas que realicen las llamadas pruebas de resistencia, que son simulaciones en computación destinadas a mostrar cómo los reactores resistirían durante un gran desastre natural como fueron el sismo y tsunami de magnitud 9.0 que dañaron la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi, donde tres reactores se derritieron después que los sistemas de enfriamiento dejaron de funcionar.
Sin embargo, varios líderes locales señalan que las pruebas de resistencia no son suficientes y quieren pruebas adicionales de que el gobierno aprendió la lección del accidente de Fukushima.
REACCIÓN. La contienda sobre el futuro de la energía nuclear en Japón se desarrolla en Ohi, la somnolienta ciudad pesquera de 8.800 habitantes, situada a 880 kilómetros al suroeste de la dañada planta Fukushima Daiichi y de las áreas contaminadas por su radiación. Dos de los reactores de la planta de energía nuclear Ohi fueron los primeros en los que se terminaron las pruebas de resistencia, convirtiéndolos en un caso crucial para saber si las plantas nucleares de Japón pueden volver a funcionar.
La extendida planta de Ohi no fue dañada por el sismo ni por el tsunami, pero está sin funcionar, debido a una peculiaridad legal: las leyes japonesas requieren que los reactores sean cerrados cada 13 meses para verificaciones de rutina, que habitualmente se extienden durante tres o cuatro meses. Pero, durante el último año, el operador de la planta, Kansai Electric Power, se vio obligado a cerrar los cuatro reactores de la planta y no puede reconectarlos, debido a la oposición de los habitantes.
"Después de ver lo que pasó en Okuma, Futaba e Iiate, simplemente no podemos reconectarlos", dijo el alcalde de Ohi, Shinobu Tokioka, en referencia a las comunidades que fueron evacuadas, en las cercanías de la planta de Fukushima. Pensó que los reactores eventualmente serían encendidos, debido a que varias comunidades necesitan los empleos e ingresos relacionados con las plantas.