JULIA RODRÍGUEZ LARRETA
Si las elecciones presidenciales fueran en uno o dos meses, otro sería el cantar para Cristina Fernández, tal como lo demuestra su caída de popularidad según recientes encuestas, tras el accidente ferroviario. Lo mismo que si la tragedia hubiera ocurrido el año pasado, en tiempos electorales. Algo perfectamente posible a juzgar por el lamentable estado en que se encuentra ese sistema de transporte. Si bien no era ningún misterio, solo cuando ocurre un siniestro semejante, con cincuenta y un muertos y seiscientos heridos, brota un ronco clamor entre la gente, que apunta contra los responsables de tamaña barbaridad.
Los cuales son tanto el gobierno como los concesionarios. Los empresarios que se quedaron con la conexión son personas muy cercanas al poder de turno. Primero al Presidente Menem y tras una oportuna pirueta, a los Kirchner porque a pesar de recibir cifras millonarias en subsidios, evidentemente poco destinaban, como era su obligación, al mantenimiento de esos servicios. Y a su vez el Ejecutivo, ya que tal como cuando se destapó el desfalco en la organización de las Madres de Plaza de Mayo, se vio que no controlaban cómo se utilizaban esas enormes sumas salidas del erario público, ni en qué condiciones se hallaba ese sistema de transporte. Vaya uno a saber por qué.
Ciertamente, no debido a que no hubieran sido advertidos, ya que los 20 informes hechos por la Auditoría de la Nación, presidida por Leandro Despouy, eran alertas más que suficientes. Un señor sumamente incómodo para muchos, a consecuencia de su actitud insobornable. Hasta hubo un extraño complot en su contra orquestado dentro de las filas de la UCR, su propio partido, para sacarlo de su cargo.
Es tan grosero lo que se ha percibido y tanto huele a corrupción, que ya no se habla de "capitalismo de amigos" -definición acuñada en Argentina hace un tiempo para explicar ciertas características del "modelo"-, sino que ahora Gabriela Pousa lo ha categorizado como "capitalismo de testaferros".
Sin embargo, esto no es óbice para que así como unos suben en la cercanía del poder otros bajen, como parecería que les ocurre a los Eskenazi. Aquellos que se quedaron con parte de YPF a pagar con dividendos, ahora se encuentran en la mira de la Casa Rosada, aunque las razones no están muy claras. El enfrentamiento con la petrolera argentino -española ha tenido marchas y contramarchas, que han provocado mucho ruido en el mercado de valores. Situación que en caso de "inside information" -ese delito que duramente se castiga en los Estados Unidos- puede darle suculentas ganancias a quien tenga acceso a esos datos. Otro personaje muy dilecto otrora, el vicepresidente Boudou, está pasando por un mal momento ante las repentinas acusaciones de estar vinculado a una firma, Ciccone, a la que se le encomendaba la impresión de billetes y otros papeles públicos.
Luego de no haber dado mayores señales de vida al momento del dramático accidente, algo parecido a lo acontecido cuando era Presidente Néstor y sucedió la tragedia de Cromagnon (incendio durante un festival), la Presidenta, en su largo y monocorde discurso en la sesión inaugural de las sesiones en el Congreso, buscó tomar la mayor distancia posible de lo sucedido. Aunque en su defensa, los concesionarios han planteado que el Estado no cumplió con las inversiones acordadas previamente.
Cristina hasta llegó a preguntarse en voz alta, por qué le habían criticado y frustrado su proyecto del tren bala. Toda una curiosidad, lo mismo que el gobierno se haya presentado como querellante y que el juez Bonadío lo haya admitido como tal. Si bien después de la reacción causada por esta decisión, les prohibió salir del país a Claudio Cirigliano, director de ese grupo de empresas muy vinculadas a contratos con el Estado y de Trenes de Buenos Aires (TBA) incluido el Sarmiento, el ramal del siniestro y también al secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi. Quien no tuvo nada mejor que decir en ese momento, que "si hubiera sido sábado no habría sido tan grave". Su obligada renuncia, lo ha convertido en el primer fusible que salta.