El presidente y candidato Nicolas Sarkozy termina una semana percibida como una apuesta al todo por el todo, que culminará mañana con un mitin gigante, tras haber recurrido a temas como la inmigración y el islam, y puesto en la balanza su retiro.
Cuando faltan 43 días para la primera vuelta de la elección presidencial, los sondeos siguen prediciendo la derrota de Nicolas Sarkozy ante su rival socialista, Francois Hollande, que ganaría en la segunda vuelta del 6 de mayo por 56% de los votos, según una encuesta del instituto OpinionWay publicada antes de ayer.
Para intentar cambiar la tendencia e imponer su ritmo de campaña, el presidente trata de estar en todos los frentes, multiplicando visitas, intervenciones en los medios de información y tomando posiciones impactantes respecto a temas polémicos.
"¡Ayudadme!", volvió a decir el jueves por la noche a los franceses, antes de afirmar que, en caso de derrota, se retirará de la política.
Una estrategia riesgosa de "jugador de póquer", estimaba ayer la prensa francesa.
El diario regional Le Midi Libre escribió que el presidente-candidato "apuesta fuerte y juega todas sus cartas" transformando "definitivamente esta elección en referéndum a favor o contra él". Y ello con, "en audaz filigrana, la egocéntrica e irreversible ecuación: `Yo o el caos`".
Sarkozy espera impactar en la opinión pública en ocasión del gran mitin previsto para mañana en Villepinte (periferia de París), al que su partido prevé la asistencia de unos 50.000 personas.
TRASPIÉS. No obstante, en su propio campo, ministros y parlamentarios no ocultan su preocupación por una campaña "que no despega" y por un candidato que sigue creando divisiones en vez de "reunir" a los votantes.
Tras desmentir que había intentado favorecer un frente contra Hollande entre los dirigentes conservadores europeos, Nicolas Sarkozy se empantanó en una polémica sobre la carne halal (de animales matados en conformidad con las reglas musulmanas) iniciada por la extrema derecha, cuya candidata Marine Le Pen obtendría 15% de los votos en la primera vuelta según los sondeos.
Sarkozy dio a entender que esa cuestión es "prioritaria" para los franceses, y se declaró favorable a "etiquetar la carne en función del método de matadero".
Poco después, su primer ministro, Francois Fillon, desató la cólera de los representantes de las comunidades judía y musulmana al exhortar a las religiones a abandonar las "tradiciones ancestrales".
INTENTOS. Confirmando el rumbo resueltamente derechista de su campaña, el presidente lanzó el martes una nueva carga contra la inmigración legal afirmando que "hay demasiados extranjeros" en Francia, y proponiendo una restricción del acceso de los extranjeros en situación regular a los derechos sociales que son, hasta ahora, los mismos que para los galos.
Sarkozy trató también de contrarrestar su imagen de "presidente de los ricos" haciendo confidencias sobre su vida personal para explicar errores de apreciación, como la celebración de su victoria en 2007 en el exclusivo restaurante Le Fouquet`s y rodeado de magnates.
Prometió también crear un nuevo impuesto a las grandes empresas del país, lo que fue percibido como una respuesta a la propuesta de Hollande de imponer un gravamen de 75% al monto de renta que sobrepase el millón de euros anuales (US$ 1,3 millones).
"Lo que se pide a un presidente de la República es su estado de servicios, no su estado de ánimo", ironizó Manuel Valls, director de comunicación de Hollande.
Por su parte, el candidato centrista a la presidencia, Francois Bayrou (13% en la primera vuelta según los sondeos) calificó de "impostura" la manera de abordar el debate sobre la inmigración y abogó por una campaña más digna y que responda a las preocupaciones de los franceses.
Una opinión similar fue expresada por el candidato de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, que sobrepasó esta semana el 10% de intenciones de voto en los sondeos.
IMPOPULAR. Entre los dirigentes de los cinco principales países europeos, la canciller alemana, Angela Merkel, es la más apreciada por los ciudadanos europeos y el presidente francés, Sarkozy, es el menos popular, según un sondeo realizado solo en Alemania, España, Italia, Francia y Gran Bretaña.
El flamante presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy (derecha), es el menos conocido de los dirigentes de los cinco países europeos (63%). Obtiene un 27% de opiniones favorables y 34% desfavorables.
Sarkozy y Merkel gozan de una notoriedad comparable en los cinco países (93% el francés, 92% la alemana), pero el presidente recaba un 33% de buenas opiniones y 58% de malas.
En cambio la canciller alemana obtiene un 50% de buenas opiniones y un 41% de malas. David Cameron, el primer ministro británico, consiga tantas opiniones malas como buenas, un 44%.