El este petrolero de Libia proclamó un autogobierno

Crisis. La Cirenaica decide separarse de la capital, Trípoli

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A más de cuatro meses de derribada la dictadura de Muamar Gadafi, la frágil cohesión de Libia se resquebraja. El este del país, nicho de los principales yacimientos petroleros, dio un puñetazo en la mesa y proclamó su autogobierno.

El pulso de la región de la Cirenaica a las nuevas autoridades de Trípoli, a las que acusa de marginarla, se une al desafío de las milicias armadas que controlan el país y amenazan con poner en jaque la transición.

En una asamblea celebrada en Bengasi, capital del oriente libio y cuna de la rebelión que acabó con Gadafi, 3.000 jefes de tribus y de milicias constituyeron el Consejo de la Cirenaica, informa Reuters. Este organismo administrará "los asuntos regionales y defenderá el derecho de sus ciudadanos".

No fue un grito de independencia: la asamblea se cuidó de reiterar su lealtad al Consejo Nacional de Transición (CNT, en el gobierno), a quien considera "símbolo de la unidad del país y representante legítimo en los círculos internacionales".

Pero sí fue un durísimo varapalo a las autoridades interinas, y una advertencia para el futuro: el este quiere que Libia siga un modelo federal como el que se implantó tras la independencia, con el rey Idris, con tres regiones: Cirenaica (este); Tripolitania (oeste), y Fezzan (sur).

MALESTAR. La respuesta del gobierno interino no tardó en llegar. Mustafá Abdelyalil, presidente del CNT -y originario del oriente-, manifestó que todo era un complot financiado por "países extranjeros" (que no especificó) y que ese movimiento amenazaba "con romper la integridad nacional".

El malestar viene de lejos. La Cirenaica esgrime un memorial de agravios que se remonta a la dictadura de Gadafi, que discriminó a una región que nunca le ocultó su rechazo. El régimen se enriqueció con el petróleo (el 70% del crudo procede de los yacimientos orientales), pero, dicen, apenas invirtió en la zona. Y a las afrentas históricas se superponen las recientes. "El CNT se ha trasladado a Trípoli, y aquí viene solo al final de mes. Todo lo han centralizado en la capital, y nos han marginado. Es la misma rutina de antes", declara Yalal al Gallal, empresario y exportavoz del CNT, que reprocha además a los tripolitanos su "tardanza" en levantarse contra el régimen.

RECLAMOS. La mecha que ha acabado por encender esta nueva rebelión de la Cirenaica son los comicios legislativos que se preparan para junio, de los que saldrá el Parlamento que promulgará la nueva Constitución. La comisión electoral ha diseñado unas circunscripciones que otorgan a la región oriental menos escaños de los que le corresponderían por su población.

"La gente ha sufrido mucho por el centralismo, y quiere garantías de que no va a repetirse", explica Mohamed Embarak, rector de la Universidad Médica Internacional de Bengasi. La solución, dice, no es un sistema federal, sino "una amplia descentralización, gobiernos locales eficientes y una justa distribución de la riqueza".

Resulta difícil dilucidar qué recorrido va a tener el nuevo Consejo de la Cirenaica. De momento, el golpe de mano pone contra las cuerdas a un gobierno al que le resulta cada vez más arduo pilotar la transición libia.

NEGOCIO. Con el petróleo libio, todos los analistas han acertado en sus análisis. La verdad, una vez más, parece situarse en la zona media entre el optimismo y el exceso de prudencia: la Libia pos-Gadafi ha recuperado la actividad petrolera tras el conflicto pero las tensiones no han desaparecido.

La estabilidad de la producción libia es muy importante cuando crecen las tensiones en torno a otro gran productor, Irán, que la Unión Europea ya no quiere como proveedor.

Libia, tercer productor de África, contribuye a contener una desordenada escalada de precios en un mercado muy sensible al problema iraní.

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