El Vice Boudou

El prestigioso periodista argentino Nelson Castro es autor de un interesante libro que, en su título de portada, adelanta el contenido de la obra: "La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos". Al terminar la lectura, uno saca la conclusión de que en el vecino país (cada vez peor, en esa doble calificación) el cargo de vicepresidente es una de las cosas más inútiles que se hayan inventado jamás.

La reciente experiencia de Julio Cobos en ese... ¿rango?.. mostró a un vicepresidente que era, pero no fue: es la última prueba que puede ofrecerse al respecto.

Ahora, al cargo (o la carga) está en las manos (no muy limpias, sospechosamente) de Amado Boudou, una figurita que a don Néstor le merecía -en la Biblia Burrera que él mismo consultaba antes de seleccionar a sus colaboradores- un pronóstico de cronista turfístico: "No lo vemos"... "No tiene chance"... "No llega a la distancia"... y Cobos, por ejemplo, no llegó... Es decir: llegó, ganó y perdió, porque lo distanciaron.

Boudou tenía un currículum peligrosamente variado: en su juventud había sido roquero, pero nunca abandonó la afición por las desafinaciones, tanto que aún hoy atormenta a sus auditores. (Esto no era esencialmente negativo para don K, a quien le enloquecía la cumbia). Enamorado y enamorador, de la agenda amatoria de Boudou fueron borrándose algunos nombres femeninos que hallaron prontos sustitutos. Pocos dudaban de que su vicepresidencia fuera consagrándolo para la historia: y aumentaron esas dudas cuando, en el segundo sillón de la Casa Rosada, su primera medida fue la de remodelar su despacho, decorándolo con una bicicleta y una cinta para continuar con los ejercicios físicos de cada día. Era visible que no podía vivir sin montarse en algo, aunque fuese una "chiva", o una moto. Empezó a echar fama de buen mozote... repartió sonrisas callejeras... y a CFK le pareció que podía llegar a ser un buen recaudador de residuos (perdón, de votos) hasta que resolvió completar con él la fórmula presidencial para la elección del 2011.

Con todo lo que se le vino encima -denunciado por esposas engañadas, acusado de participar en el presente escándalo argentino (que no será el último, seguramente) uno piensa, recordando el libro de Nelson Castro, en una frase histórica de Sarmiento (presidente de 1868 a 1874) quien cierto día le dijo a su vicepresidente: "Usted no se meta en mi gobierno, y limítese a tocar la campanilla en las sesiones del Senado".

¡Ojo! ... don Amado... Esto mismo acaba de pasarle a Cobos. En la Argentina, es frecuente que aparezca un bis de tal situación: por las dudas, vaya escondiendo la campanilla.

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