Extorsión callejera

La convocatoria del edil nacionalista Edison Casulo a autoridades de del departamento de Movilidad Urbana de la Intendencia de Montevideo ha sido tan acertada, que hasta los que "los votaron" lo aplauden. El llamado es para que respondan sobre la imposición a la que están sometidos los ciudadanos ante la exigencia de los seudo cuida coches, los seudo limpia parabrisas, los aprendices de malabaristas y demás, que pululan a sus anchas por la ciudad. Un fenómeno, que ya supera todos los límites de la tolerancia y que no hace más que aumentar. La gente no solo esta harta, sino que se siente esquilmada, pues de hacer las cuentas, a fin de mes puede constatar que ha no ha sido poco el dinero que ha tenido que destinar para esta especie de impuesto colateral, por el mero hecho de circular en esta impoluta ciudad que hace más de 20 años goza de la excelente administración del Frente Amplio.

No es necesario aclarar que estos adjetivos son solo una ironía, pero como es tan grande la inclinación al autobombo del partido gobernante, más vale hacerlo. Porque impúdicamente se aprovechan, como se pudo ver en estos días, de la televisión estatal (que no es del gobierno) para pasar un video que es un puro ditirambo sobre la campaña electoral de su partido en 2004 o se vanaglorian de los resultados de unos índices -habría que saber como se hacen- los cuales indican que ha bajado la pobreza y la indigencia. Aun cuando ni siquiera han llegado a los guarismo del gobierno de Lacalle, al cual no le tocó una época con condiciones extraordinarias como las de estos años, gracias a las cuales hasta con gobiernos como el de la vecina orilla, el crecimiento de la economía argentina ha sido récord, al igual que el nuestro.

Claro que si no lo dicen sus mediciones -habría que ver como categorizan- nadie más lo diría, a juzgar por lo que se ve y se huele en Montevideo. Y no se trata del problema de un solo barrio y un solo día, como intenta reducirlo el Director de Tránsito de la Intendencia, al hablar de los sábados a la noche en la ciudad vieja, porque es por todos lados. En la rambla, en el centro, en Pocitos, en Malvín, en cualquier semáforo, etc. Hay cuadras donde hay hasta cuatro de estos cuida coches y otras donde cada día aparece un joven diferente.

Y eso es parte del problema, porque muchos de ellos están en perfectas condiciones físicas como para tener un empleo, máxime en esta época en la que casi no hay problema de demanda laboral. Pero sucede que la permisividad de las autoridades, la incapacidad del gobierno para solucionar estas situaciones y los cuantiosos dineros que hace años reparte sin control ni contrapartida por parte de los beneficiados, más que la de los votos de quienes viven de las dádivas gubernamentales, ha ido creando una cultura que supone que cualquier individuo que sale a pedir, tiene derecho a recibir. Y a la vez, en la confusión de valores resultante, consideran que pedir o exigir es sinónimo de trabajar. Una ocupación que consiste en recibir dinero de aquellos que realmente trabajan, que cumplen un horario, que arriesgan su capital, que cumplen con sus responsabilidades, que pagan impuestos. Si la persona se resiste a esta limosna impuesta, se la reclama por medio del amedrentamiento o inclusive la violencia.

Para salvar la cara, desde la Intendencia explican que si no tienen el respaldo de la policía no pueden actuar. Una vez más, la culpa la tiene otro, aunque el vocero de las fuerzas del orden ha contestado que pueden contar con ellos y es más, que ya lo han hecho en algunas oportunidades. Pero a este problema hay que atacarlo más a fondo. La cuestión es que la Intendencia no debería fomentar la existencia de un oficio semejante, que no aporta absolutamente nada a la ciudadanía, bendiciendo a los que se registran con un chaleco fluoroescente. Lo que deberían implementar, es que en vez de hacer la del zángano, esta gente vaya a trabajar en algo más productivo, - hay tanto para hacer en Montevideo - y que se les enseñe a dignificar un esfuerzo que rinda a la sociedad. Hay montones de actividades que serían más provechosas que las de estar tirando " la manga". No es imposible corregir esto. Por algo en otras ciudades esto no ocurre. Lo que falta es visión, capacidad y determinación para erradicar este modus vivendi, así como para que se pueda vivir con seguridad. Otro gran debe del gobierno.

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