La segunda rueda del concurso oficial del Teatro de Verano este año se vio sensiblemente afectado por la inestabilidad del clima. En total, desde el arranque, hubo nueve cancelaciones, ocho fueron por lluvias y la última por una medida gremial de Adeom.
Previo a la actuación de Diablos Verdes comenzó la llovizna. Los más fanáticos amagaron con quedarse abriendo sus paragüas. A los diez minutos del espectáculo La alfombra roja apareció en escena el presentador anunciando la decisión del jurado: se canceló la etapa.
Esta escena se repitió varias veces a lo largo de la competencia 2012. La mayoría de las postergaciones se dieron ya con el público ubicado en las gradas de cemento. La tormenta eléctrica que días atrás redundó en cientos de fotografías del cielo enardecido en las redes sociales, en el Teatro de Verano se vivió casi como un despliegue "de efectos especiales", o al menos así lo catalogaron muchos periodistas del rubro.
El presidente del jurado, Jorge Morandeira, explicó a El País que "más de una vez se habló de techar el recinto" pero especialmente de "comenzar el certamen antes en el tiempo, concretamente en la última semana de enero y estudiar su extensión, o sea acortar su duración".
En lo que va del certamen el número de postergaciones es cercano al total de las que hubo en 2011.
Morandeira opina que lo ideal sería "tener un Teatro de Verano con las mismas dimensiones que el actual pero en el Oeste de Montevideo(Cerro, Paso de la Arena, Sayago), desde donde hay mucha concurrencia de público". Con esto se refiere no necesariamente a construir una nueva edificación, sino a tal vez rescatar alguna ya existente como espacio alternativo para cuando haya alerta meteorológico.
Pero hay otro tema no menos importante, y es lo tradicional. Ese factor que está ligado más a lo afectivo y bohemio del asunto. "Es un concurso pensado para realizarse al aire libre, no es nuevo que `las tibias noches de febrero` de la poesía carnavalera en los últimos años hayan pasado a ser las de `no se sabe cuándo lluviosas noches de febrero`", dice Morandeira. Pero aún así el espíritu por preservar el lugar identificatorio es muy fuerte, aún cuando también haría falta un lugar donde poder resguardar las escenografías y los trajes, que muchas veces se ven malogrados y representan altos costos.
Al decidir la cancelación de una etapa el jurado no le cae precisamente simpático a los grupos que quedan al pie del escenario con litros de maquillaje encima. Pero es parte del juego, aún cuando no diluvia y unas gotas son consideradas motivo suficiente. "Los criterios están muy expuestos, aunque no todos los aprecian y otros no los quieren entender. Por reglamento, hasta una hora antes del inicio suspenden los organizadores. Pero a veces las condiciones del clima cambian. No puede haber nadie que se quede contento con una suspensión".
A pesar del fanatismo que reina en el Carnaval, especialmente en torno a los grupos más populares, con una vehemencia que recuerda casi que a las hinchadas de fútbol, Morandeira subraya que el jurado actúa con total libertad. "Debe abstraerse de la mayor o menor popularidad de quien está sobre el escenario. La libertad vendrá a la hora de calificar el rendimiento, la comunicación, el trabajo colectivo, la creatividad, etc. Sus miembros son lo suficientemente profesionales para no ser influenciados desde fuera del recinto del jurado". Con respecto a esta temporada, el presidente destaca que después de un período en el que se habló de propuestas "oficialistas" complacientes con el gobierno, "este año en particular son muchas las demandas colectivas e individuales hacia el sector político". Por otra parte, en los grandes temas entraron "la lucha contra la discriminación, la violencia doméstica y el combate de la pasta base. También se reiteran los logros deportivos de la Selección uruguaya y la ausencia de las murgas en los festejos centrales del Bicentenario", enumera. Mañana se sabrán los puntajes.