Un valioso drama familiar y una actriz excepcional

Conflicto. Salió en DVD el film belga "Propiedad privada"

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La presencia protagónica de Isabelle Huppert es uno de los apoyos fuertes (pero no el único) de "Propiedad privada", película dirigida por Joachim Lafosse que ha salido directamente en DVD.

El personaje de Huppert (divorciada, de buena posición económica) es presentado al principio como alguien totalmente dependiente de sus hijos. En cada decisión de su vida, desde tener una nueva pareja hasta conseguir un trabajo, busca la aprobación de esos vástagos. Alguien ha señalado ya que para los hijos, el divorcio de sus padres ha sido algo así como una "ruptura del contrato" que también los unía a ellos, y han decidido tener el control.

El drama estalla cuando la protagonista resuelve vender la mansión familiar para utilizar el dinero en un negocio que le interesa. Los hijos percibirán ese intento como un abuso de lo que, sostienen, es realmente "su" propiedad, y reclaman la presencia del padre para que intervenga.

El film es un pequeño modelo de sobriedad narrativa, hecho habitualmente de planos largos, generalmente quietos, ante los cuales un elenco extremadamente competente tiene reales oportunidades de lucimiento y transmite casi permanentemente un sentido de autenticidad. Aunque no se compartan necesariamente los extremismos de algunos cineastas que reniegan por completo de la música (el argentino Raúl Perrone es uno de ellos) por considerarla "manipuladora de las emociones", hay que reconocer que en la prescindencia de ese recurso (salvo al final) radica uno de los aciertos del director Lafosse. Le alcanzan los personajes en el cuadro, y lo que está ocurriendo con ellos, para transmitir idea y emoción. La música no es necesaria en esta película.

Desde el libreto, el film aporta ya algunas sutilezas acerca del autoritarismo, el abuso de poder y las relaciones a veces enfermizas que pueden establecerse en una familia. Hay incluso un cambio de eje dramático en la película que apunta en esa dirección.

De hecho, la gran Huppert es la real protagonista (y domina sin esfuerzo la pantalla) durante la primera mitad del film. Luego, cuando su enfrentamiento con los hijos alcanza dimensiones considerables y el personaje resuelve recuperar el control de su vida, la línea narrativa se desplaza hacia uno de sus hijos (Jeremie Rénier, el joven de La promesa de los hermanos Dardenne) y su enfrentamiento con su hermano (Yannick Rénier, con quien mantiene ese mismo parentesco en la vida real).

Para entonces se entiende que el protagonista del film no es individual sino colectivo (la familia), y que determinados comportamientos se heredan: el abuso de autoridad de uno de los hermanos sobre el otro reproduce a cierta altura el que antes ejerciera el padre.

El propio director belga Lafosse ha señalado que hay bastante de personal (o más bien de familiar) en esta película que también escribió en colaboración con Francois Pirot. El cineasta ha explicado que en determinado momento advirtió que tenía el poder de impedir que su madre hiciera lo que realmente quería, y que eso lo preocupó. Allí había una historia cinematográfica, y efectivamente llegó a convertirse en esta película.

Con toda la solvencia de Lafosse y con toda la competencia de sus intérpretes jóvenes, hay inevitablemente cierto desnivel en Propiedad privada. El desnivel se llama Huppert. Cuando está ella (la primera mitad, sobre todo), la película es grande. Cuando desaparece del cuadro y el énfasis recae sobre los hijos, el resultado sigue siendo interesante pero se resiente un poco. No hay muchas actrices como ella.

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