A Jennifer Lopez se la puede apreciar de muy distintas formas. Aparte de la más obvia, la que prefieren los fotógrafos que suelen retratarla desde atrás. Pero el domingo pasado, en la ceremonia de los Oscar, todos eligieron otro ángulo: apuntaron de frente y más bien hacia arriba, porque algo del pecho dejaba ver el atrevido vestido que lucía. Tuvo competencia, es cierto, con la piernita (bastante tonta) que Angelina Jolie sacó de su tajeado vestido tanto en la alfombra como en el escenario. El lunes las redes sociales se dividieron entre una y otra.
Hay otra forma muy interesante de apreciar a JLo: por su cotización de mercado. Sabe arreglárselas para mantenerse en la cresta de la ola aunque su última película haya sido un fiasco (El cantante) y su álbum más reciente consiguió pegar solamente una canción. Es que en medio de semejantes golpes se transformó en la personalidad diferente en el jurado de American Idol, sustituyendo nada menos que a Simon Cowell, gracias a una hábil combinación de belleza y de autoridad a la hora de los juicios.
El haber aceptado el reto de estar en uno de los programas más vistos de la televisión de Estados Unidos fue reconocido entonces con un pago de 12 millones de dólares. Pero como el programa funcionó aún cuando se evidencian síntomas claros de saturación de los realities musicales, ella presentó una reivindicación salarial para la nueva temporada. Le fue aceptada, por lo que desde ahora está ganando 20 millones de dólares, según publicitó Hollywood Reporter.
Aunque para un asalariado normal las cifras pueden sonar a disparatadas, lo cierto es que lo que se lleva JLo es apenas un pedacito de una torta millonaria.
El paraíso de los realities musicales revela, por ejemplo, que la NBC consiguió el año pasado 732 millones de dólares por publicidad para The X Factor, la nueva jugada de Cowell tras alejarse de American Idol. Puede ser que JLo no arrime tanto pero, con seguridad, es una carta muy redituable.