Argentina pierde en una guerra comercial

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Horacio Bafico / Gustavo Michelin

Las medidas que está adoptando Argentina relativas a las importaciones de bienes y servicios tienen un impacto económico negativo que es peor al observado durante el bloqueo a los puentes sobre el río Uruguay en el gobierno de Néstor Kirchner.

Si se observa que las medidas proteccionistas han ido escalando en el tiempo y que la situación económica en Argentina es cada vez más complicada, queda la percepción de que de aquí en adelante solo cabe esperar que la situación empeore. Esto motiva el análisis de cuáles son las alternativas que tiene Uruguay para enfrentar esta situación.

Entre las recomendaciones que se han escuchado se encuentra la de actuar con represalias. Para un país pequeño bloquear su comercio exterior es siempre perjudicial, hay más para perder que para ganar. Conceptualmente la estrategia óptima para un país pequeño es siempre luchar por la apertura de mercados y de los flujos comerciales. El mercado interno nunca será suficiente para generar escala de producción competitiva y hay insumos y bienes de consumo que directamente no se pueden producir en el país y deben ser comprados en el exterior.

También parece una conclusión primaria razonable el no pelearse con los vecinos con los que la historia provee de más puntos en común que diferencias. Estrictamente en lo comercial, la cercanía reduce los costos de transporte y transacción y por lo tanto es más fácil mantener negocios y relaciones comerciales con los vecinos.

Sin embargo, en forma asombrosa, el análisis de la realidad actual con Argentina puede llevar a una conclusión contraria a todas estas premisas.

GUERRA. Para evaluar la situación se podría fijar como punto de análisis la decisión de política de llevar la respuesta de Uruguay a un enfrentamiento por el cual las trabas que nos pone Argentina se responden con trabas similares de parte de nuestro país para los productos de ese origen.

En este caso se observa que Uruguay importa de Argentina aproximadamente US$ 2.000 millones anualmente y le exporta US$ 600:. Con estas cifras y si se mira dólar a dólar, en una guerra comercial quien tiene más dinero para perder es Argentina. El problema es que en este tipo de confrontación lo que importa es la disponibilidad de alternativas y el tamaño relativo de la economía de cada país. El tamaño absoluto del saldo comercial no es tan importante como la magnitud relativa al total exportado o importado en cada caso y, principalmente, la presencia o no de alternativas para vender o comprar los bienes o servicios partícipes de la confrontación.

Si se considera el total de bienes exportados por Argentina, las ventas a Uruguay representan apenas el 2,4% del total. Pero esta cifra está contaminada por las ventas de granos y productos agropecuarios que se colocan en los mercados mundiales. Si se hace la comparación con las exportaciones argentinas de manufacturas de origen industrial la participación pasa a ser algo más significativa (7%). Es algo más importante pero todavía es una cifra baja como para provocar una reacción de presión de los industriales argentinos para que se frene la guerra.

No hay que perder de vista también que nuestras exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI) dependen mucho del mercado argentino y de la región. Las principales exportaciones MOI son las correspondientes al sector automotriz y las autopartes, el plástico, el caucho, la industria química, sueros abonos y fosfatos, los laboratorios, textiles y vestimenta, productos de papel y cartón, metalúrgicos y pinturas. En su conjunto estas actividades representan poco más de la quinta parte del índice de volumen físico de la industria manufacturera. En 2011 el 86% de las ventas de bienes a Argentina correspondieron a manufacturas de origen industrial (MOI).

Los números son contundentes en afirmar el concepto que un país chico como Uruguay pierde con una guerra comercial. Pero en el escenario actual aparece una nueva punta: Argentina también tiene para perder y está muy necesitado de colocar su producción en el exterior y generar ingresos de moneda extranjera. En este contexto, las exportaciones argentinas a Uruguay ya no son tan irrelevantes.

Esto lleva a pensar que si Uruguay se planta firme en la negociación la guerra no será tal y se podrá lograr una instancia de negociación como la que había en la etapa previa al Mercosur. Un tratado bilateral que administre en negociaciones de gobierno a gobierno cupos de producción y condiciones de comercio.

¿Y BRASIL? Con esta perspectiva, la supervivencia del Mercosur como zona de libre comercio depende exclusivamente del deseo del socio mayor y de las acciones que adopte ante el cerramiento de la economía argentina.

El problema de tamaño y dependencia del sector industrial que tiene Uruguay en relación a Argentina es el mismo que este país tiene en relación a Brasil. Basta considerar que las exportaciones del rubro automotor argentino es el 35% de las ventas de las manufacturas de origen industrial y el 12% del total exportado en el 2011. Se ubica cerca de US$ 10.000 millones de los cuales por lo menos el 70% tienen como destino Brasil. Esta realidad se suma a la del sector químico, la industria del plástico y también a las ventas de cereales.

Siguiendo la teoría del péndulo, Uruguay debería buscar una posición conjunta a la del socio mayor del bloque para enfrentar las trabas argentinas y consolidar reglas de juego para el Mercosur que preserven el escaso nivel de integración regional hasta el momento logrado.

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