Las células de los tumores se valen del sistema de defensas del propio cuerpo para evitar ser eliminadas. Científicos suizos estiman que es una de las razones por las que han logrado escapar de todas las vacunas que se han diseñado.
El diseño de una vacuna contra el cáncer se ha convertido en los últimos años en la meta de numerosos equipos de investigación. En este preciso momento, científicos de los principales laboratorios del mundo prueban compuestos inyectables y aspiran a que logren controlar o curar la enfermedad.
La labor es titánica. Por diversas razones, una de las cuales parece haber sido descubierta por científicos suizos. En un artículo publicado en la revista Cell Reports indicaron cómo las células tumorales utilizan el sistema de defensas del organismo (sistema inmune) para evitar ser detectadas.
Las células de los tumores tienen una suerte de marcadores en su superficie (antígenos) que las hacen identificables por el cuerpo humano. En la última década las vacunas que se han diseñado para combatir el cáncer (vacunas terapéuticas, no preventivas) apuestan a exponer al sistema inmune a este tipo de antígenos incentivándolas a que maten a las células que los contengan.
La estrategia ha generado expectativa, no sólo por el hecho de actuar tan específicamente sobre la estructura elemental de los tumores sino porque podría, potencialmente, evitar los efectos adversos de la quimio o a la radioterapia (tratamientos que matan las células del tumor pero también las que están alrededor).
Sin embargo, los estudios con estas vacunas no han llegado a buen puerto, porque aunque las células del sistema inmune (específicamente las "células T") sean preparadas para atacar al tumor, son evadidas.
La investigación diseñada por los laboratorios de Melody Swarts, de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne, y Stéphanie Huges, de la Universidad de Génova, describió por primera vez cómo, cual si fueran soldados protegiendo un fuerte, los vasos linfáticos (canales que transportan células del sistema inmunitario) rodean al tumor para enfrentar el ataque.
ESTRATEGIA. Muchas investigaciones han mostrado que los tumores inducen el desarrollo de vasos linfáticos pero se creía que era para tener una "ruta de escape" y poder desplazarse hacia otra parte del cuerpo.
Los investigadores suizos mostraron que lo que hacen es anular la respuesta del organismo, retardando el ataque de las células T o dejándolas "funcionalmente agotadas" para el momento en que llegan al tumor.
Como parte de su estudio los científicos trabajaron con un tipo de tumores que expresan grandes cantidades de VEGF-C, una molécula que estimula el desarrollo de los vasos linfáticos.
Diseñaron a las células para expresar antígenos (los marcadores que sirven para que las identifiquen) y compararon la eficacia de una vacuna sobre células que tenían grandes cantidades de VEGF-C, -en las que había más vasos linfáticos- y en otras en las que la acción de la VEGF-C estaba bloqueada.
En aquellas donde la acción de la VEGF-C estaba suprimida la vacuna fue más eficaz y el crecimiento del tumor fue cuatro veces más lento.
Consultado por El País sobre los resultados de la investigación suiza, Eduardo Cazap, presidente de la Unión Internacional contra el Cáncer, valoró el trabajo de los científicos. "Hay un interés creciente en el desarrollo de este tipo de vacunas, por lo que los esfuerzos son válidos", expresó.
Para la profesora Swartz, enfocar una estrategia dirigida a los vasos linfáticos asociados a los tumores podría aumentar la eficacia de una vacuna."Sería como mover los soldados del fuerte antes de mandar la respuesta armada", indicó.
Pero Cazap recordó que el bloqueo de un solo camino de acción difícilmente logra ser exitoso porque el cáncer es multifactorial. Las células tumorales encuentran caminos alternativos parar resistir.
Swartz, de todas formas, considera que es una línea de investigación que vale la pena probar en estudios clínicos.