ÁLVARO CASAL
En 1952 la gruta de Altamira no recibía muchos visitantes. Al contrario: los que allí llegaban eran muy pocos. El día que quisimos visitarla con mis padres, no había nadie más por allí, excepto un guía solícito que, linterna en mano, nos ayudó a explorar uno de los más importantes conjuntos de pinturas rupestres de la prehistoria que se conservan en el mundo.
Aquella visita de mi niñez resultó inolvidable y hoy podría describirse como un hecho raro, ya que poco después de ella, el turismo empezó a desarrollarse en forma tal, que hubo que imponer restricciones al ingreso y en 1972 Altamira fue cerrada al público. Reabierta en 1982 pero con un límite de 8.500 visitantes al año, finalmente tuvieron que hacerle cerca de allí una réplica que en 2001 sustituyó totalmente la versión original, afectada por manchas y hongos provocados por bacterias que llevaron a la degradación de las pinturas de este sitio arqueológico español, declarado por la Unesco Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Últimamente Altamira, al igual que otros sitios prehistóricos, como Lascaux en el sur de Francia, se ven sacudidos por polémicas. Por ejemplo, el gobierno local de la región donde está situada Altamira, desde 2010 reclama que sea reabierta, a fin de dinamizar el turismo local. Entre tanto, el Ministerio de Cultura, único habilitado para dar vía libre a la apertura no dice nada, mientras que un equipo del consejo español para la investigación científica denuncia los riesgos de una reapertura.
En un reciente artículo estos investigadores expresaban: "los arqueólogos, los ambientalistas y los microbiólogos están de acuerdo sobre la necesidad de cerrar los sitios subterráneos para conservarlos y orientar el flujo de turistas hacia los sitios réplicas". Todo esto no nos puede ser indiferente, del momento que Uruguay hoy cuenta con sitios prehistóricos notables, posiblemente dignos de figurar en la lista de patrimonio mundial, donde ya está Colonia del Sacramento junto con unos 120 sitios latinoamericanos que integran la lista de 900 sitios de patrimonio mundial del planeta. Nos referimos por cierto a la localidad rupestre de Chamangá, situada en el departamento de Flores.
Una zona de 12.000 hectáreas que abarca 41 pictografías realizadas con pigmentos naturales hace más de 3000 años. Este sitio fue objeto de destrucciones parciales en el pasado y si bien entró al Sistema Nacional de Áreas Protegidas luego de haberlo hecho la Quebrada de los Cuervos, los Esteros de Farrapos e islas del Río Uruguay, el Parque Nacional Cabo Polonio y el Valle del Lunarejo, todo esto merece un amparo muy particular dirigido a su salvaguarda con el fin de ayudar a evaluar el pasado histórico y prehistórico.
La Unesco, sobre la base de estudios científicos de expertos uruguayos y extranjeros, en 1998 emitió un informe acerca de la zona de Chamangá, declarando que ella tiene un interés justificado y que el país debe proteger el área. Todo ello no excluye que paralelamente se aproveche el posible atractivo turístico de esta zona. Pero lo acontecido en Altamira o Lascaux debe resultar aleccionador. Asimismo, hay ejemplos más cercanos como el del Parque Nacional Los Glaciares de Argentina que en una década, pasó de recibir 10 mil visitantes al año a la cifra de 180.000.
Chamangá de hoy no es Altamira de 1952 pero se acerca a eso y sería bueno aprovechar los resultados de experiencias ajenas.