Divertido mano a mano entre Delfi Galbiati y Levón en el Teatro Solís

Despedida. Con esta puesta la Comedia despide a un notable primer actor

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CARLOS REYES

El escenario mayor del Teatro Solís luce deslumbrante en "Príncipe azul". Un impecable trabajo de todos los rubros técnicos enmarca este espectáculo que quedará para el recuerdo, como la despedida de Delfi Galbiati de la Comedia Nacional.

La obra corta del dramaturgo argentino Eugenio Griffero corría el riesgo de haber perdido su eficacia dramática con el paso de los años. Concebida tres décadas atrás, para una Buenos Aires necesitada de un discurso teatral comprometido y libertario, ahora la pieza volvió a lucir, aunque con otros aditamentos.

El texto fue estrenado en la capital argentina en 1982, durante el histórico ciclo Teatro Abierto, en el Teatro Margarita Xirgu, dirigido por un argentino de significativa trayectoria en Uruguay, Omar Grasso. Protagonizado por Jorge Rivera López y Villanueva Cosse (otra figura fundamental para la escena uruguaya), el título fue luego representado en múltiples geografías y circunstancias.

La versión de la Comedia Nacional lo viste muy bien en escena, gracias a un cuidado trabajo de dirección de Daniel Spinno Lara, quien sería bueno que multiplicara sus trabajos de dirección.

Los rubros técnicos crean un clima de ensoñación en escena, hecho que se contrapesa muy bien con los tonos de humor y farsa que por momentos tienen los personajes. Beatriz Arteaga compuso una gran escenografía, tanto en forma y composición como en los aspectos cromáticos, con predominio del blanco y negro, tonos que, bien manejados, suelen otorgar nitidez y carácter al decorado. Unas grandes terrazas atraviesan el escenario, donde un gran banco, con su toque de diseño, domina la escena.

La iluminación (un nuevo acierto de Martín Blanchet) y el vestuario (Cristina Cruzado), terminan de redondear una concepción visual rica en matices y sólida a la hora de subrayar lo que está sucediendo en escena. Allí, dos hombres ya mayores se reencuentran: ellos habían hecho una promesa, siendo muy jóvenes, de reencontrarse en ese momento y en ese lugar: el cumplimiento de la misma los encuentra, lógicamente, en el otro extremo del ciclo vital, cuando los recuerdos del pasado pesan mucho más que las expectativas de futuro.

La estructura de la obra presenta un primer gran monólogo de Galbiati, quien abre el espectáculo y lo acapara durante un buen lapso. Luego es el turno de Levón, sin Galbiati en escena. Y luego el reencuentro esperado, donde se da una sutil confrontación entre el pasado y el presente, entre lo que fueron y las esperanzas que abrigaron, y lo que son, con sus trabajos, sus ilusiones y sus desengaños.

Galbiati aprovecha cada palabra de un texto rico en imágenes e ideas. El actor realmente se despide de su público con un gran papel que le permite además de un gran lucimiento personal, divertirse, hablarle al público, y recorrer bien el gran escenario del Solís. Levón es el partener ideal para este mano a mano, componiendo un personaje lleno de vida, que le exige y le permite un habilidoso manejo de su cuerpo. En suma, un buen trabajo conjunto para despedir a un notable actor.

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