La investigación de un enigma sobre el paisaje de la Guerra Fría

Traidor. El viernes llega el film "El topo", protagonizado por Gary Oldman

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La duda que podía plantearse era si el tema se sostenía. En principio, "El topo", film inspirado en la novela homónima de John le Carré, podía resultar "demodé" en su asunto de espionaje y guerra fría. No hay empero que tener miedo.

Una relectura reciente del libro de Le Carré permite comprobar que no ha envejecido, tal vez porque su tema real no son los enfrentamientos entre el capitalismo y el comunismo, y ni siquiera la identificación del personaje titular (un agente soviético infiltrado en el servicio de inteligencia británico) sino los seres humanos. Lo mismo deben de haber pensado los productores del film que se estrena el próximo viernes, su director Thomas Alfredson, sus libretistas y el distinguido elenco encabezado por Gary Oldman, Colin Firth y Toby Jones.

Inevitablemente, hay que hacer un poco de historia. Le Carré (es un seudónimo: su verdadero nombre es David John Moore Cornwell, y es hermano del historiador John Cornwell, autor del bastante dudoso El papá de Hitler) trabajó efectivamente para el espionaje británico antes de emprender una carrera literaria con Llamada para el muerto (1961), su primera novela, donde inauguró al personaje del agente George Smiley que reaparecería en otros de sus libros y que Gary Oldman interpreta en esta versión cinematográfica de El topo. A ese libro le seguirían Asesinato de calidad (1962), también protagonizada por Smiley pero que no es una novela de espionaje sino un clásico policial británico "a la Agatha Christie", y la clásica El espía que volvió del frío (1963), el libro que realmente llamó la atención sobre Le Carré y en la que Smiley juega un papel secundario. El libro llegó al cine en una elegante versión de Martin Ritt (Alto espionaje, 1965, con Richard Burton y Oskar Werner) y sirvió para consolidar el nombre del autor.

Conviene ubicar las cosas en su contexto histórico, incluyendo el cinematográfico. Eran los tiempos gloriosos del James Bond de Sean Connery, que seducía a las chicas y salvaba al mundo entre despliegues de violencia y glamour. Aunque Ian Fleming, el creador de 007, también trabajó para la inteligencia británica, todo indica que él y Le Carré no vieron lo mismo en las oficinas del MI6 (seamos justos, Bond trabaja para MI5; son agencias independientes).

De hecho, las novelas de Le Carré y sus adaptaciones cinematográficas (al cine llegaron, además de El espía que volvió del frío, otros libros suyos como Llamada para el muerto, El espejo de los espías, La chica del tambor, La casa Rusia y alguno más) sirvieron para definirlo como "el anti James Bond". Sus espías no son Don Juanes aventureros sino oscuros burócratas con mujeres infieles y problemas gástricos, que cuando no están conspirando contra "el otro bando" suelen dedicarse a boicotearse entre sí, y que hace rato dejaron atrás las ilusiones y los ideales.

El topo es un buen ejemplo del universo "le carriano". Libro y film comienzan con el retorno a la acción del semirretirado George Smiley. Son los años setenta, la guerra fría sigue produciendo cubitos de hielo, y las autoridades del Foreing Office británico tienen motivos para creer que un alto oficial de MI6 es realmente un agente doble. A partir de ahí, el esquema vuelve a funcionar, como Asesinato de calidad, como un relato "a la Agatha Christie". Hay, por supuesto, referencias a operaciones clandestinas en países extranjeros y juegos de manos en el que casi nadie parece ser quien realmente es, pero el esquema básico reduce la acción a una corta lista de sospechosos (cinco) y una paciente labor de investigación en la que los datos del pasado de cada personaje (incluyendo el del propio investigador) constituye una pieza del rompecabezas.

De acuerdo a casi toda referencia, la anécdota del film sigue de cerca la del libro (que es por cierto bastante complicada: hay que estar atento a cada detalle), aunque significativamente los guionistas han agregado un "flashback" que evoca una reunión navideña de varios de sus personajes. Ello agrega inesperadamente (se ha dicho) una carga elegíaca a todo el material: para estos espías desencantados, la guerra fría tiene algo de "buenos viejos tiempos" que ahora se han perdido.

Gary Oldman afirma que fue un placer encarnar a George Smiley. El actor dice: "Me sentí muy halagado de que me pidieran que interpretara a George, que participara en este proyecto". Y agrega: "El personaje de Smiley está sacado de la experiencia personal de John le Carré; todos sus complejos personajes están muy logrados. Los británicos tenemos una larga tradición de espionaje, y hemos sido bastante buenos espías. Pero también hemos tenido siempre una idea algo romántica del tema, y Le Carré mostró la realidad. Espero que esta película anime a la gente a descubrir sus libros".

En su opinión, el papel es "maravilloso". Smiley es, dice "muchas cosas al mismo tiempo: bien educado, sagaz y perspicaz. Es un estudiante del espionaje, y un astuto manipulador de la burocracia. Smiley tiene una memoria de elefante, y un sentido innato para detectar debilidades y la falibilidad de la condición humana. Y un estricto sentido de la moral".

Avatares de llevar una novela al cine

La adaptación de "El topo" comenzó siendo escrita por Peter Morgan (La reina, Frost/Nixon, Más allá de la vida) pero a cierta altura éste se retiró del proyecto y los productores eligieron a Bridget O`Connor y Peter Straughan para que siguieran con el trabajo. Lo hicieron codo con codo con el director Alfredson durante más de un año.

John Le Carré está satisfecho con el resultado. "Cuando leí el primer borrador de Bridget y Peter, me pareció una obra de arquitectura dramática e intelectual admirable", asegura. "Yo nunca habría podido hacer algo así. En ese momento, era su trabajo el que tenía entre manos. Aquella no era la película del libro; era la película de la película. Creo que lo hicieron de maravilla".

"El mayor cumplido que los cineastas han hecho al libro, por lo que a mí respecta, ha sido hacer una película propia basándose en él", prosigue el escritor. "Yo estaba allí como fuente de información, nada más".

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