Antel, liceos y cultura

LEONARDO GUZMÁN

No merece pasar inadvertido el encontronazo habido en Antel, potenciado por las millonadas que costaron el logo y el montaje de Los Olimareños. Frente a las discrepancias del director C. Guariglia con esos y otros excesos, la presidenta intentó minimizar al opositor aduciendo que "ocupa su lugar en un directorio con una integración vertical de presidente, vicepresidente y director. Cada uno tiene sus tareas asignadas por reglamento y debe cumplirlas".

El aludido le respondió: "El directorio de Antel no es un cuerpo vertical. Es un órgano colegiado cuyos miembros fueron todos designados por el mismo procedimiento constitucional, sin distinción jerárquica o funcional. No me gusta la expresión `vertical`, que no es usual en el Derecho Administrativo salvo cuando se le emplea para hacer referencia a los poderes de mando en el orden militar".

Trascendental, porque en ese intercambio público se contrapusieron dos conceptos de Administración y de país. Uno es el del verticalazo, con algunos que mandan y muchos que obedecen. El otro es el de la razonabilidad liberal, donde todos oyen al prójimo con espíritu abierto.

El Derecho Público y el Derecho Privado exigen hoy que cada decisión no surja del capricho y se justifique por razones. El porqué y el para qué se han convertido en piedra de toque de la legitimidad. El argumento de autoridad -la verticalidad- es inadmisible en ninguna decisión de una Administración civilizada, que, para serlo, debe fundar y razonar sus motivaciones en diálogo límpido con codirectores, colegisladores y conciudadanos, sin importar el origen político ni la jerarquía de quien aporte u oponga argumentos.

El acto administrativo surge sano cuando lo adopta un directorio que delibera sin prejuicios, como espejo de un pueblo que sopesa razones; y nace mal cuando brota de mayorías automáticas que sienten el poder de estar "arriba". La diferencia contrapone dos estilos: pueblos que piensan o rebaños que balan.

Reflexionar sin cortapisas oyendo al otro es la primera condición del sentimiento y la idea. El pensar sin trabas lo exige el Derecho, lo define la filosofía y lo siembra la buena pedagogía.

Es el fruto del esfuerzo diario por vencer el pasado, conscientes de que -como enseñó Benedetto Croce- "No hay más que una salida: el pensamiento, que no rompe la relación con el pasado sino que sobre él se eleva idealmente y lo convierte en conocimiento. Es necesario mirar el pasado a la cara… reducirlo a problema mental y resolverlo en una proposición de verdad, que será la premisa ideal para nueva acción y nueva vida".

Cuando nos topamos con el intento de jibarizar el lugar que se dio a la oposición en los directorios -"sin condiciones", se dijo al ungirlos en junio de 2010- y cuando vemos cómo este año -¡otra vez!- liceos y escuelas se aprestan a reabrir con el repertorio de siempre -edificios sin acondicionar, proyecto educacional en veremos-, comprobamos que se olvida la imperatividad de mirar de frente y resolver con la actitud que -entre las fatigas del hombre común y a pesar de los vecinos-, personalizó al Uruguay hasta construir en él un pacto ascendente en conciencia, razones, justicia y libertad.

Hoy, recortarse tamaños dislates sobre la bonanza económica, queda a la vista que desde la tilinguería de un directorio hasta el fracaso educacional son el fruto de una sola desgracia: la caída -ella sí, vertical- de la cultura.

Y contra eso tenemos que responder todos, ya.

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