RICARDO REILLY SALAVERRI
La controversia entre Inglaterra y Argentina sobre las Islas Malvinas, ha derivado a debates, que no deben generar confusión.
Cabe recordar que hacia fines del siglo XVIII, el descubrimiento de la máquina de vapor en Inglaterra, que revolucionó las industrias textil y metalúrgica, así como los transportes, puso en marcha a la primera revolución industrial que desde Inglaterra se expandiría por buena parte del continente europeo, dando lugar a grandes concentraciones de trabajadores en las ciudades y al desarrollo de la industria fabril.
En el plano laboral impulsó la concentración de trabajadores en el entorno de los establecimientos y se tradujo en una organización jerárquica que fue parte de la sociedad disciplinaria junto con las organizaciones penitenciarias, hospitalarias y educadoras .
A medida que la industrialización se extendía se profundizó la deshumanización del trabajo subordinado. No habían entonces regulaciones laborales, ni seguridad social.
A la idea de que no se podía aumentar la prosperidad si no era por medio de la libre iniciativa del empresario, pronto predominó la convicción de que esa libertad debía reinar también en los mercados internacionales.
El "laissez passer" consistente en dejar pasar sin trabas todas las mercaderías de dondequiera que vengan y adondequiera que vayan, fue principio rector. Caracterizando al siglo XIX.
Se vio aparecer así, en escala mundial, la "división del trabajo" entre las regiones productoras de artículos alimenticios y de materias primas por una parte, y los países industriales que producían artículos manufacturados, por otra.
Merced a la evolución del transporte y el comercio el mundo entero se convirtió pronto en un inmenso mercado pero un mercado desordenado, escenario de una feroz competencia.
Hubo un enorme aumento de la riqueza y del comercio internacional, así como una multiplicación de las inversiones en aquellos países que producían materias primas y que constituían a su vez mercados aptos para la recepción de productos manufacturados.
A dichos capitales había que protegerlos y también había que proteger las vías de comunicación por donde pasaban las mercaderías.
La conjunción de estos y otros hechos llevó poco a poco al colonialismo moderno, a la presión o a la conquista política y con frecuencia militar, en estrecha armonía con la expansión económica. A veces se crearon nuevas naciones, como en gran parte del continente americano, en Australia, o en Nueva Zelanda, por ejemplo. Con mayor frecuencia, ello acarreó una sumisión más o menos grave de las poblaciones autóctonas en casi todas las regiones, en particular en Asia y en África.
El colonialismo ocasionó guerras de conquista colonial o de lucha por los mercados, por una parte, y guerras y movimientos nacionalistas e independentistas, por otra. En ese marco Inglaterra construyó un imperio en el que nunca se ponía el sol que ejerció predominio mundial por un largo tiempo.
No era particularmente contemplativo de la igualdad de pueblos y razas (hoy reafirmada firmemente por el sobredimensionado incidente de Luis Suárez, en una cancha de fútbol británica).
Y, solo cabe concluir, que de estas cosas los anglosajones entienden, aunque a veces parecería que se olvidan de la Historia.