La preferida de los premios

Revelación. El film usa la elegancia de los clásicos de Hollywood y es favorito del Oscar

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Los portazos fueron corteses pero contundentes. ¿Una película muda en blanco y negro? ¿Hoy? Los pensamientos, nunca verbalizados, de que estaban ante un hombre poco cuerdo llegaron con claridad a Michel Hazanavicius. Ni siquiera él en esos momentos creía mucho en esa locura.

Lo más difícil fue convencerse a sí mismo de que aquella película soñada durante tanto tiempo merecía la pena, que no era algo irrealizable, que habría público que pagaría una entrada por verla. Debe ser muy, pero muy cabeza dura Hazanavicius porque después de diez años de darle vueltas al proyecto, de llamar a productores del mundo entero y toparse siempre con negativas, por fin encontró lo que él mismo califica de productor "loco". Y de ahí, nació el film revelación del año, Palma de Oro al mejor actor para Jean Dujardin en el Festival de Cannes y que arrasó con todos los galardones del público allí por donde ha pasado. El film cuenta, en el Hollywood de 1927, el triunfo y el ocaso de George Valentin, una estrella del cine mudo, al que la vida le sonríe, que no es capaz de adaptarse a la era del sonoro. Una joven extra, Peppy Miller, interpretada por Bérénice Béjo, que conoce el éxito entonces, acude en su ayuda. Dos destinos entrelazados.

Michel Hazanavicius (París, 1967) es un hombre delgado y algo tímido. Todavía se le ve algo desbordado con el éxito de su cuarto largometraje, con el que rompió radicalmente con el tono cómico de sus anteriores trabajos. OSS 117: El Cairo, nido de espías y OSS 117: Perdido en Río, divertidas parodias a la francesa sobre James Bond.

Todo indicaba que su recorrido iría por ese mismo camino de la comedia. Pero saltó la sorpresa. El artista se proyectó en Cannes y conmovió a crítica y público. Todos se rindieron ante el espectáculo de esta pequeña, o gran, joya. Desde aquel día, Hazanavicius y su película han conocido la gloria del público, pero también la del mercado.

Diez años, que son los que Hazanavicius ha empleado en levantar el proyecto. Si no le fue fácil convencerse a sí mismo de que estaba preparado para ello, cómo iba a hacerlo con los demás. Eso es lo que se preguntaba una y otra vez. "Me propuse adquirir confianza como realizador, a lo que contribuyó el hecho de estar rodeado de dos actores de mi confianza (Dujardin, un gran colaborador, con el que ha trabajado en sus dos anteriores films, y Béjo, su esposa), del jefe de cámara, del músico. Sentí que con esa gente a mi alrededor lo podía hacer. Solo me faltaba encontrar al productor lo suficientemente loco para que apoyara el proyecto", explica. Y en estas apareció Thomas Langmann, productor de títulos como Astérix y Obélix o la más reciente La guerra de los botones, que no sólo se tomó en serio lo que le proponía Hazanavicius, sino que creyó con pasión en la historia.

¿Qué le llevó a desviarse de la senda de la comedia y adentrarse en la aventura del cine mudo? "Me gusta sorprenderme a mí mismo. Mi forma de trabajar está basada en el deseo de hacer una determinada película. Quería hacer una película muda porque los grandes directores míticos a los que más admiro, Hitchcock, Fritz Lang, John Ford, Lubitsch o Billy Wilder, procedían del cine mudo". Y escogió el melodrama, convencido de que es el género que mejor soporta el paso del tiempo, ideal para contar una sencilla historia de amor, que no fuera demasiado fácil ni tampoco complicada, que fuera divertida y, sobre todo, dirigida a un público normal, queriendo respetar en todo momento las películas que él amaba. "Esa ha sido para mí la parte más complicada, hacer un film popular. Tenía miedo de hacer una historia demasiado infantil, que la gente la encontrara ridícula".

¿Piensa seguir por la senda del cine mudo? "Si tengo una buena idea, ¿por qué no? El artista va a cambiar mi forma de hacer cine. Los grandes directores de Hollywood a los que he admirado han propuesto siempre diferentes maneras de hacer cine y también una manera elegante de contar las historias. Tengo un gusto especial por la elegancia y la claridad, aunque es verdad que hay otras películas que necesitan todo lo contrario. Como hay tantas maneras de hacer cine, lo más importante es encontrar la mejor manera de contar cada historia".

¿Es buena la presión como creador tras un éxito como éste y más si se está moviendo de esa manera en Hollywood? "Hay mucha presión, pero intento protegerme. Ahora pienso que el momento más importante de un film es aquel en el que decides cuál vas a hacer. Por eso quiero proteger ese momento al máximo y no hacer nunca la película que otros quieren. No puedo subirme en esa ola".

¿Cómo cambiará su carrera? "Mi carrera ha evolucionado, pero mi vida también. Visto desde el exterior, quizá me gustaba más la vida que tenía antes, por eso no quiero cambiarla totalmente. El hecho de tener una película que se vende internacionalmente te da una libertad que no tienes cuando tu carrera se restringe a tu país. De repente, tienes acceso a grandes presupuestos...".

El artista se rodó en 35 días en Hollywood y con dinero francés. Buscaron localizaciones exquisitas y visitaron todos los míticos estudios, en los que rodaron los más grandes, como Chaplin en La quimera del oro o Luces de la ciudad. Incluso la casa de la protagonista Peppy Miller es la de Mary Pickford, una de las máximas estrellas del cine mudo. Todo muy emocionante, según recuerda su realizador. Sin olvidar la música, ese elemento imprescindible en una película sin diálogos, obra de Ludovic Bource. "La música ha acompañado todo el proceso de realización, desde la escritura. Escuché todas las canciones del Hollywood más clásico, los temas de todos los grandes compositores, como los de Leonard Bernstein, y se los iba pasando a los músicos. También les sugerí que visionaran el mayor número posible de filmes clásicos mudos para que vieran cómo funcionaba la música. Durante todo el rodaje, oíamos los temas compuestos para crear una atmósfera favorable a los actores. La composición fue realizada por bloques narrativos y no por escenas. En esos bloques yo marcaba los puntos importantes, la tristeza, la alegría... Fue complicado porque la música debía respetar mi forma de estructurar la historia y al mismo tiempo encontrar su propia sensibilidad".

El artista navega de forma majestuosa y divertida por los silencios, tan difíciles de encontrar hoy en el cine y también en la vida. Hazanavicius lucha por los silencios. "Son tan necesarios en la vida...".

"Hago las películas para mí"

El artista

Creció cinematográficamente con los clásicos. Al lado de su casa, en París, había un pequeño cine que proyectaba los grandes clásicos en versión original y allí se refugiaba Hazanavicius, pero también acudía a los grandes bulevares de la ciudad francesa a disfrutar con los films de cowboys, o las comedias o las películas más populares y comerciales. No le hacía ascos a nada.

Sin considerarse un gran especialista en el género mudo -ahora ya sí lo es-, lo que más le atraía como espectador era el lado sensual y emocional de las historias que veía. Y es en ese cine sensorial donde descansa toda la estructura y también la magia de El artista. "En lo más profundo de mi empeño está la posibilidad de hacer un cine exclusivamente visual, contar una historia a través exclusivamente de imágenes, sin diálogos". Se documentó de manera tenaz con libros, biografías de actores o directores, con la única intención de alimentar el contexto de la época, de unos personajes. En El artista, según reconoce el director, hay ecos de Gloria Swanson, Greta Garbo o Joan Crawford.

¿Tuvo problemas para convencer a los dos actores? "Con la actriz no hubo ninguno porque es mi mujer, fue muy fácil de convencer. Con Jean tenía miedo de que el guión, que había escrito pensando en él, le pareciera un poco infantil. Así que le dije que lo leyera y que si no le gustaba, no pasaba nada. Tan amigos como siempre. Le gustó mucho la historia y se implicó de manera muy cómplice".

¿Tuvo miedo de que El artista fuera un fracaso comercial? "No reflexiono de esa forma. Hago las películas para mí, las que me gustaría ver. Intento respetarme como realizador, pero también como espectador".

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