El dirigente malquerido

La democracia directa para la nominación de autoridades internas y candidaturas, es habitual en los partidos políticos modernos que se integran en los sistemas electorales como el nuestro. Después de reclamarla a nuestros partidos fundacionales como forma de terminar con el denostado doble voto simultáneo (ley de lemas), el Frente Amplio se fue arrimando al modelo que en la oposición denigró, y dejó al desnudo la hipocresía de una organización electoral de manejo cupular y elitista.

En lo referente a sus autoridades, luego lo que pareció que sería una presidencia eterna del Gral. Seregni, la zancadilla de Vázquez para sacarlo del medio desautorizando el apoyo parlamentario a la ley de reforma constitucional de 1996 que consagraba precisamente el candidato único por partido, uno de los postulados que hacía a la razón de ser del Frente.

Forzó así la renuncia de Seregni y se coló para ocupar la presidencia con el apoyo sectorial, el de las bases, los comités, los sindicatos, en fin, todos, menos Astori. Y cuando la reforma ajustadamente ganó el plebiscito, Astori fue acusado de haberla apoyado a la sordina y se ganó el mote de "traidor" que lo hace mirar con recelo en la mayoría frenteamplista. Desde entonces y por un tiempo, Astori le dio guerra a Tabaré Vázquez al punto de llegar a disputarle en elección a padrón abierto la candidatura presidencial, que perdió como en la guerra.

Pareció el fin de la carrera del Senador, pero hábilmente, cuando Vázquez se lanzó a la Presidencia de la República lo hizo llevándoselo bajo del brazo como maestro de las finanzas. Fue en tiempos de la mayor bonanza conocida históricamente en la economía del país, impulsada por el viento de cola desenfrenado de una coyuntura comercial que dio para todo. Desde equiparar cúspides de un gasto público desenfrenado con el lujo de implantar una reforma tributaria mentirosa que bajo el nombre de "Impuesto a la Renta" castigó en forma directa al producido del trabajo y de las jubilaciones, y cumplir con los planes de emergencia y equidad como paradigmas de un asistencialismo oneroso a cambio de votos para perpetuar al Frente en el poder. Fue el momento de mayor auge de Astori, cuando dicen que en un dialogo aéreo de retorno del FMI, recibió la propuesta de Vázquez de ser Ministro y candidato a sucederlo, de manera, si llegaba el caso, de alternarse eternamente en el poder. Ambos se marearon. Y cuando Vázquez nominó su delfín, la interna del Frente que nunca lo miró bien lo rechazó. Nunca lo vio como hombre de izquierda, y sacó de manga un candidato galardonado en un alzamiento contra las Instituciones que con nueve balas en el cuerpo destrozó a quien cotizaba como fija.

La historia del deterioro de las relaciones de Astori con la izquierda que hoy manda en la coalición, es conocida. Al principio contemporizaron, hasta que Mujica lo fue postergando. Se sirvió de él para presentarse como moderado, y luego lo relegó.

Pero Astori es constante y quiere seguir marcando presencia. Será raro que no entendiera que en este Frente Amplio nunca va a ser la primera figura que quiso ser y que fuera del mismo nadie le tiene confianza. Pero de todas maneras ya está en campaña para la elección de las autoridades del Frente en mayo. Su objetivo, es el de seguir siendo un referente que despierta más sospechas en la coalición, que afuera de ella, que ya son bastantes.

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