Los adversarios políticos del presidente Hugo Chávez tendrán por primera vez la oportunidad de escoger a un candidato presidencial único con el que esperan acabar con la invencibilidad en las urnas del mandatario, quien aspira ser reelecto por tercera vez. Las elecciones primarias se celebrarán hoy.
Pocos ataques y muchas sonrisas. Las elecciones primarias de la oposición venezolana se distinguen de otras competiciones políticas. Los cinco aspirantes, convocados por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -una insólita coalición de más de 20 partidos que van desde el centro-derecha hasta la izquierda más radical-, comparten el mismo objetivo: impedir que el presidente venezolano, Chávez, sea reelegido por tercera vez consecutiva tras 13 años en el poder. Los partidos opositores, que ya han vencido matemáticamente al mandatario socialista, han concluido que para derrotarle es necesario unirse.
El siguiente paso es vencer el miedo de los electores. Todos los venezolanos con derecho a voto -dentro y fuera del país- podrán participar. Pero se espera que solo acudan a las urnas quienes no teman ser identificados con la oposición.
Y el miedo no es infundado: desde 2004, el gobierno ha utilizado la base de datos de electores que solicitaron un referendo revocatorio contra Chávez para purgar la Administración de "traidores". El oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela también ha advertido a los suyos que quien se atreva a votar hoy automáticamente dejará de ser uno de sus militantes.
La oposición insiste en que el secreto del voto está garantizado. "El gobierno tiene miedo y por eso quiere asustarnos a todos los venezolanos con una especie de amenaza velada", ha dicho Ramón Guillermo Aveledo, coordinador general de la MUD, una y otra vez, en radio, prensa y televisión.
Una encuesta realizada en enero apunta que estas elecciones interesan a menos de un 25% de los electores del país. Tanto en los comicios regionales de 2008 como en las parlamentarias de 2009, la oposición ha demostrado que es capaz de obtener cerca de cuatro millones de votos. Pero se necesitan más para destronar a Chávez.
"Matemáticamente, Chávez ha sido derrotado varias veces. La oposición ha sacado más votos que él en las últimas elecciones. El problema es transformar esa posibilidad matemática en una posibilidad política", sostiene Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual, exdirigente del Movimiento al Socialismo (MAS) y unos de los más férreos críticos del gobierno.
Petkoff calcula que para poder ganarle a Chávez es preciso "arrancarle" al menos a un 10% de sus votos. ¿Cómo debería ser el candidato? Un socialdemócrata, cree Petkoff. El opositor tiene que ser alguien de lenguaje sencillo, combativo, que esté dispuesto a responder a los insultos de Chávez "con una palabrota" cuando sea necesario.
Cinco candidatos se han inscripto en la carrera para alcanzar esa meta. Ellos son: el gobernador del Estado capitalino de Miranda, Henrique Capriles Radonski; el gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez; la diputada independiente María Corina Machado; el exembajador Diego Arria, y el exparlamentario y disidente del chavismo Pablo Medina.
El candidato favorito, con el 55,9% de intención de voto, es Capriles Radonski: abogado y a punto de cumplir 40 años.
El favorito comenzó en la política casi a la par de Chávez. Fue presidente de la Cámara de Diputados en 1998. Fue dos veces alcalde del municipio capitalino de Baruta, entre 2000 y 2008, y luego fue electo gobernador de Miranda. Estuvo preso entre mayo y septiembre de 2004, luego de ser acusado por el gobierno de participar en el asalto a la Embajada de Cuba en Caracas durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que derrocó a Chávez durante 48 horas. Fue juzgado y absuelto por este mismo delito en cuatro oportunidades. Él ha prometido ser el presidente de todos los venezolanos: "De los que piensan como yo y de los que piensen distinto a mí", ha dicho a lo largo de su campaña, con la fe de que ese discurso de reconciliación se traduzca en votos (ver entrevista aparte).
EL VOTO DURO OPOSITOR. Tres minutos tardó María Corina Machado, ingeniera industrial, diputada independiente, de 44 años, en decirle a Chávez que actuaba como un ladrón. Lo hizo en pleno discurso anual del mandatario, hace dos semanas, cuando ya iba por la hora cinco de las más de ocho que estuvo hablando sin parar. Los tres minutos de interrupción buscaban cambiar su destino político: "¿Cómo puede usted hablar de que respeta al sector privado en Venezuela cuando se ha dedicado a expropiar, que es robar?", le dijo, y lo retó a enfrentarse con ella en un debate. Chávez respondió que no estaba a su altura: "Águila no caza moscas". Y desde ese instante, la diputada Machado, que no tiene un partido político que la respalde, comenzó a subir en las encuestas, hasta alcanzar el tercer puesto en intención de voto para las primarias que se celebran hoy.
Desde que entró en la carrera presidencial, Machado se ha enfrentado al modelo político que propone Chávez. Su lema de campaña es Vota duro, y la base de su gobierno es un plan económico liberal que ha bautizado como "capitalismo popular". "Queremos políticas sociales que no generen dependencia", afirma en cada discurso.
Su apellido, Machado, recuerda por igual a las grandes fortunas caraqueñas y a los fundadores del Partido Comunista de Venezuela. Y cree que la nomenclatura que identifica las diferencias entre derechas e izquierdas está superada. "Si plantear que la erradicación de la pobreza es una responsabilidad de toda la sociedad es una idea de izquierdas, entonces soy de izquierdas. Si creer en la libertad personal, en la inversión, en la productividad, es de derechas, entonces soy de derechas", ha expresado la diputada.
Su tema estrella es la defensa de la propiedad privada, que le permite además fijar con facilidad a sus adversarios con la etiqueta de comunistas. Dice que Chávez abusa permanentemente de su poder, a quien hay que "dar una lección".
El heredero. Si fuese cierto que los partidos tradicionales son el motor que mueve la maquinaria de los votos en Venezuela, el actual gobernador del Estado petrolero de Zulia, Pablo Pérez, podría convertirse hoy en el candidato único de la oposición que se enfrentará a Chávez en las elecciones presidenciales. Pérez, abogado, de 42 años, cuenta con el apoyo de los socialdemócratas de Acción Democrática y de los socialcristianos del Copei, los dos grupos políticos que entre 1958 y 1993 se alternaron en el poder en el país. También lo avala su partido, Un Nuevo Tiempo, y es el delfín de Manuel Rosales, gobernador de Zulia entre 2000 y 2008, que se enfrentó a Chávez, sin éxito, en los comicios de 2006 y que ahora está en el exilio. Las encuestas sobre la intención de voto ubican a Pérez en el segundo lugar. Durante la campaña el candidato ha repetido una y otra vez que sabe cómo se vive "el dolor en un barrio" pobre de Venezuela.
Habla con vehemencia, se regodea en los modismos. Procura enviar mensajes a cada bando de este país polarizado. El miércoles, en uno de sus actos de cierre de campaña, prometió "liberar a la patria de la invasión castrista y mantenerla fuera de la influencia de todo imperialismo o intento de colonización".
Ese discurso, descripto por quienes le apoyan como "llano", "sencillo" y "cercano", es el que podría ayudarle a sumar votos de los sectores más populares del chavismo descontento. Sus adversarios creen que no basta con llamarse Pablo Pérez para lograr lo que Chávez consiguió: ser percibido por el pueblo como uno más de ellos.
Obrero radical. "¿Qué es la República del Trabajo? Un país con empleo total, máxima productividad y hecho todo en Venezuela". Esta es la sencilla visión de país que ofrece Pablo Medina en cada espacio informativo que ha podido obtener en los medios de comunicación.
Parlamentario experimentado y referente de la izquierda tradicional en los años noventa, su perfil se instala en un liderazgo clasista, con un discurso reivindicativo que pone a los trabajadores en el centro de la política. Con estos ingredientes apunta a un espacio que ha estado vacío desde hace años en el universo opositor: un liderazgo sindical de alto perfil político.
Su oferta, sin embargo, es más amplia y ofrece un período de transición que, al igual que Diego Arria, incluye la urgente convocatoria a una Asamblea Constituyente, para ejecutar algunos cambios puntuales en la Constitución (como volver al Congreso bicameral, eliminar la reelección, fijar un período presidencial de 4 años y sustituir a todos los titulares de los poderes públicos).
Su campaña de escasos recursos sólo cuenta con los espacios informativos en los medios, la exposición en los debates televisados y las redes sociales. Con su eslogan "Unidad y coraje" responde a quienes lo señalaban como un factor divisionista dentro de la coalición opositora.
La batalla comienza hoy. El hombre o la mujer que resulte electo debe ser mucho más que un simple candidato presidencial. La Mesa de la Unidad Democrática no ha convocado a más de 18 millones de venezolanos para elegir únicamente al retador de un presidente en ejercicio. La larga pelea electoral desarrollada durante los últimos nueve meses, con un menú diverso de precandidatos opositores, es parte de una operación mucho más ambiciosa: la renovación profunda de las élites opositoras y la gestación de un liderazgo capaz de comandar un nuevo ciclo político en Venezuela.
Capriles: "Voy a acabar con el chantaje de la camisa roja"
A sus 39 años de edad, el abogado Henrique Capriles Radonski, el candidato opositor venezolano con más oportunidades hoy, promueve una política ajena a toda estridencia, y con un fuerte mensaje de inclusión. "Aquí se va a acabar el chantaje de la camisa roja; nadie va a necesitar estar en un partido para recibir beneficios", sostiene.
-¿Cómo financia su campaña? -Tenemos SMS, cenas, rifas, y gente que se acerca a colaborar espontáneamente. Hay mucho miedo con el tema de ayudar, no es fácil. Cada partido político colabora, y toda la alianza busca cómo financiarse. Esta será una lucha completamente desigual. Pero la fuerza de querer cambiar puede más que una campaña multimillonaria. En Miranda (donde es gobernador) pasó así.
-¿Tres cualidades que le servirían para ganarle a Chávez?
-Tengo una capacidad de trabajo brutal. No tengo prejuicios ni reconcomios a la hora de trabajar, porque no creo en la división. Soy un militante del futuro. Creo en el progreso, y Chávez no cree en el progreso.
-Ante un eventual triunfo, ¿llamaría a Pablo Pérez, Pablo Medina y a María Corina Machado a trabajar con usted?
-Cada uno tiene un rol que cumplir. Ahora, yo no me quedo allí. El país tiene miles de líderes que hay que convocar para construir la victoria del 7 de octubre. Líderes comunitarios, locales y regionales. Creo mucho en el liderazgo local.
-Si no gana, ¿está dispuesto a trabajar con el vencedor?
-No quiero sonar soberbio, pero las primarias están claras.
-¿Por qué está tan seguro?
-Esta es una competencia de liderazgos, no de partidos. Todas las organizaciones tenemos simpatizantes. Pero el tarjetón es con nombre y apellido. Algo así pasó en 1998. Las maquinarias movilizaron gente, y la gente votó por Chávez.
-El oficialismo da como un hecho que Pablo Pérez será el candidato...
-Ese partido tiene dos grandes frustraciones: que hay primarias y que no pueden elegir el candidato. No será el que ellos quieran.
-¿Cómo tener una campaña exitosa en condiciones tan desiguales?
-Recorrer el país de punta a punta como nunca nadie lo ha hecho. Chávez no va a hacer campaña así. Nadie ha dicho que va a ser una carrera fácil, pero llegar hasta aquí tampoco lo fue. Los indicadores del gobierno hoy son muy parecidos a los de 1998.
-¿Cuáles son los grandes logros de su gestión en Miranda?
-Los logros en educación no los tiene ningún estado, mejoró el rendimiento y la calidad. Le hemos cambiado la vida a muchas personas con la vivienda. --¿Por qué dice que si se busca una novia debe ser maestra?
-Me gustan las mujeres inteligentes.
-Lo de la novia ya se ha transformado en un chiste nacional. -Nunca podemos perder el sentido del humor. Creo en la familia, en sus valores.