Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe
Uruguay/Chile 2012. Dirección: Walter Tournier. Guión: Tournier, Mario Jacob y Esteban Schroeder. Productor: Schroeder. Dirección de arte: Lala Severi. Diseño de personajes: Tunda Prada. Música original: Edú "Pitufo Lombardo", Pablo "Pinocho" Routin.
Afortunadamente la vieja polémica sobre "la primera película uruguaya", aquella que se daba en tiempos de El dirigible, Pepita la pistolera y otras, ya quedó bastante atrás. Lo que todavía estaba pendiente era el trono de "primer largometraje uruguayo de animación", galardón que no asegura calidad pero que promete entrada destacada en los eventuales libros de historia del cine en Uruguay (por cierto, otra gran deuda). Walter Tournier ha conseguido ese puesto y le ganó por pocos meses a Anina, otro largo que está en proceso. De todos modos lo que importa no es la competencia sino el hecho de que en 2012 coinciden los dos primeros largometrajes nacionales de animación, proyectos complejos, de largo aliento y mucho trabajo, que sólo por existir despertaban mucha curiosidad.
La película de Tournier tiene, además, algunos méritos que no se ven directamente en pantalla. Uno de ellos fue la creación y montaje de un estudio de animación donde trabajaron muchos artistas a lo largo de varios años. El otro fue el haber logrado la distribución con Disney, cosa que le permitió tener un estreno en simultáneo en cuatro países, cosa que el cine de Argentina rara vez logra (hoy se estrena en Paraguay, Chile y Argentina también).
El mejor elogio que el público puede tener hacia el realizador es valorar su obra por sí sola, sin gestos de pena ni palmaditas en el hombro justificadas en el hecho de que se hizo en Uruguay, porque la película apunta a dar la pelea sin apelar a la lástima ni mucho menos. En ese sentido el trabajo de Tournier y su equipo rindieron sus frutos sin dejar de ser fieles a la escuela de este animador siempre preocupado por cruzar la artesanía con el humor y la educación.
Lo que se ve en pantalla es otra historia y el público lo medirá con la misma vara que utiliza para valorar otras películas de animación stop motion. En ese sentido el trabajo de Tournier y su equipo rindieron sus frutos sin dejar de ser fieles a la escuela de este animador siempre preocupado por cruzar la artesanía con el humor y la educación.
Luego de toda una carrera dedicada en buena medida a la animación para la televisión, Tournier se dio el gusto de exhibir en pantalla grande sus habilidades como animador y las de su equipo a la hora de construir mundos ficticios en miniatura. Es todo un disfrute desde el primero al último minuto perderse en los detalles de escenografía, vestuario y los propios muñecos. La secuencia de la taberna, las del muelle en Inglaterra y muchas más, son un verdadero lujo visual con mil detalles cobrando vida pero en "versión Tournier".
De todos modos los niños, que probablemente formen el grueso del público que siga a Selkirk en sus aventuras marinas, prefieren otras cosas antes que mirar los detalles de un muñeco. Para eso está la aventura del cazatesoros que se embarca en busca de una isla remota que promete una fortuna y termina solo, sobreviviendo en una isla y cambiando su vida. Es probable que tampoco se molesten mucho con la gran moraleja final, que les enseñará explícitamente una lección de vida.
Desde el punto de vista de un adulto, en ese último minuto la película cambia de la aventura cuya conclusión es obvia (ya que Selkirk cambia de vida) a un mensaje educativo innecesariamente obvio. Es superfluo desde el momento en que ningún niño del mundo crecerá pensando de verdad que robar un tesoro escondido (o robar y ser codicioso en general) es una meta a seguir en la vida, solo por verlo en una película. Después de todo, generaciones enteras en todo el mundo se criaron leyendo La isla del tesoro y, hasta donde se sabe, no hay pirata moderno ni ladrón que diga que encontró su vocación en esa novela. La canción oficial enfatiza el mensaje y si se piensa que es la que cantaban los piratas codiciosos al comienzo del film resulta un detalle algo contradictorio.
De todos modos el resultado final de la película, con toda su producción y su equipo de trabajo, representa la consagración de Tournier y sus cuatro décadas de carrera artística. Para quienes no hayan visto nada de él, vale la pena ver este filme y descubrir su universo.