Los temas marinos suelen ser atrapantes y el novelista español Arturo Pérez Reverte lo sabe. Ahora Alfaguara publicó un libro selecto, en el que reúne varios de los artículos sobre temas marinos que el prestigioso autor publicó entre 1994 y 2011.
Las 360 páginas del divertido libro están cruzadas por una gran pasión: el mar. Pero además, Los barcos se pierden en tierra ofrece no solamente un insólito goce náutico, sino también una aproximación iluminadora a la personalidad del autor y de su mundo. Desde textos muy conocidos hasta otros inéditos, la publicación reúne numerosos artículos atrapantes, la mayoría procedente de las colaboraciones de Pérez Reverte en el XL Semanal, tituladas "Patente de corso".
Pero ahora, todos juntos, componen una poderosa y homogénea escuadra que ofrece una gozosa travesía encuadernada: hay pasajes de un conmovedor lirismo (como el relato de la primera vez que el autor observó una ballena), episodios de gran ternura (como el de su hija nadando entre delfines), y melancólicas estampas de puertos, de las que hay muchos y buenos ejemplos.
Y en el otro extremo, están los textos hilarantes del Pérez Reverte iconoclasta, donde deja caer bromas, las diatribas contra los ingleses o los domingueros del mar, las motos de agua y demás aparatos ruidosos.
El libro comienza con el pie derecho gracias también al prólogo de Jacinto Antón, quien define al mar como una forma esencial de aventura y de belleza indómita. Y también lo relaciona con una forma de coraje y de vida, de la que han surgido miles de páginas de la mejor literatura.
Historias emocionantes, batallas legendarias, imágenes tiernas y nostálgicas, estampas de puertos y, por supuesto, su afilada pluma guiando todas esas acciones. Es verdad que en sus novelas Pérez Reverte ha transitado muchísimo los temas marinos, pero en este libro hace un gran compendio de ellos, reuniendo diversas épocas en las que transcurren las acciones y personajes que las protagonizan.
Pérez Reverte creció junto a un puerto, el de Cartagena, lugar con tres mil años de historia, y navega en un velero desde hace dos décadas. Es natural entonces que la pasión que siente por el mar vibre en muchos de los artículos de Los barcos se pierden en tierra.
"Cuanto más conozco el mar, más miedo le tengo. El mar es cruel como la vida, no tiene sentimientos, no tiene piedad", afirma el magistral escritor, agregando que el mismo "es fuente inagotable de literatura, de vida, de ensueños, certezas y dudas".
"El peor enemigo del mundo no es la maldad sino la estupidez. De un malvado inteligente puedes aprender e incluso sufrir los estragos de su maldad puede hacerte más lúcido, pero de un estúpido nunca aprendes nada", dice con énfasis este académico de la Lengua, relativizando los peligros del mar.
Sus artículos tienen, también, una especie de indignación contra la estupidez, terreno en el que también hay una mirada hacia la política. Ese tono guerrero, políticamente incorrecto, está también presente en algunos del centenar de artículos del libro, de muy rápida y fácil lectura, pese a su vocabulario, tan específico y tantas veces técnico, cosa que también ocurre con sus novelas.
El escritor está convencido de que el mar "es un lugar mucho más apasionante y rico que la tierra. Navegar por el mar es hacerlo por la certeza de que el mundo es un lugar peligroso, y es también navegar por la memoria, barcos hundidos, rutas, navegantes", explica, agregando que en los 20 años que lleva navegando ha vivido situaciones de peligro, pero eso es normal cuando se hacen viajes largos y en velero, como los de él.