El diálogo y un gran acuerdo

SEBASTIÁN DA SILVA

Los acuerdos de esta semana han generado una inusual sorpresa. Pareciera que el sistema político no puede interpretar la ley de gravedad y actuar en consecuencia. Todo momento de diálogo es positivo, y si a partir de las conversaciones se encuentran soluciones tangibles es inmensamente mejor.

Algo así paso ayer, miércoles, el cántaro que fue en demasía al agua terminó por romperse, y por tanto la única forma de poder revertir esta situación es agarrar el toro por las guampas y retomar el control tanto de los servicios de salud como en la parte álgida de la educación.

Evidentemente este episodio tiene dos reconocimientos, el primero a la capacidad de acuerdo, donde Mujica y Larrañaga se llevan la mayor parte de los lauros. Cada uno por su lado, fue zurciendo un ámbito que logró contemplar el reclamo popular de terminar con la sumisión a los sindicatos del área.

El segundo reconocimiento es más positivo, y tiene que ver con el asumir que el ímpetu refundacional que tuvo el primer gobierno del Frente Amplio dejó secuelas importantes en el acontecer gubernamental.

Tabaré Vázquez al igual que lo hiciera siendo Intendente Municipal jugó al corto plazo para tener a los gremios alineados. Con ello transfirió en forma equivocada gran parte de las potestades constitucionales como Jefe del Poder Ejecutivo a los sindicatos, quienes como no podía ser de otra manera, usaron este poder en beneficio propio, no velando por el interés general.

Algún día la izquierda debería de asumir que por definición, los gremios velan siempre por sus afiliados en primera instancia. Esta eterna confusión que nace desde la génesis misma del Frente en donde conviven las mismas personas siendo dirigentes políticos de día para ser gremialistas de noche, llevaría a un enfrentamiento como los que estamos padeciendo todos los uruguayos.

En Adeom estos contubernios llevaron al escandaloso convenio de los municipales que tuvimos que pagar con creces, crisis del 2002 mediante. En la actualidad, no es un convenio pero es un trancazo y una paralización total de cualquier tipo de avance que se quiera hacer en el ámbito educativo.

La interrogante que nos planteamos es cómo sigue ahora el normal transcurrir de los acontecimientos. El corporativismo sindical, tan mal acostumbrado en los últimos años, ¿tolerará este acuerdo de todo el sistema político, o tendremos demoras en los inicios de cursos hasta pasada semana santa? ¿Los zares de ASSE, que obviamente tras las decisiones quedaron en falsa escuadra, asumirán que mandan los soberanamente electos, o volverán a colocar a la población más humilde de rehén de sus reclamos?

Mucho me temo que tendremos más noticias para este boletín; no pasaron 24 horas de los anuncios para escuchar voces del oficialismo nuevamente alzarse en contra de las propuestas oficialistas. Solamente un autodidacta o un detective con gran ingenio puede imaginar las reacciones dentro de la amplia gama de posicionamientos frenteamplistas que hoy por hoy están pensando mucho más en los votos de las elecciones internas que en apoyar a su propio presidente.

Perder esta oportunidad sería un desperdicio, desairar a la totalidad de los partidos políticos sería dinamitar todos los puentes.

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