LA BITÁCORA
Uno parece pagar demasiado caro la ambición de quedar en la historia y el otro parece cobrar en impunidad favores judiciales dispensados al poder político. La contracara del andaluz Baltasar Garzón es el juez argentino Norberto Oyarbide.
Quizá con el mesianismo que le cuestionan sus detractores, pero el magistrado que logró la detención de Pinochet durante meses, puede ostentar la ausencia de oportunismo político que lo hizo tener enemigos en todo el arco ideológico. Su contracara, en cambio, ostenta veraneos y anillos millonarios, además de pedidos de juicios políticos que se acumulan por decenas en el Congreso argentino.
Por eso resulta absurdo que Baltasar Garzón esté sentado en el banquillo de los acusados mientras la antítesis que tiene en Sudamérica retorna de principescas vacaciones en hoteles frecuentados por magnates.
Legiones de admiradores de todo el mundo esperan que el juez andaluz salga indemne de la emboscada judicial que le tendió el turbio empresario Francisco Correa (principal acusado del caso Gürtel) y los ultraderechistas de la Falange Española y del sindicato Manos Limpias, cuyo líder, Miguel Bernard, parece un genuino heredero del extremismo oscurantista de Millán Astray.
Sin nadie que lo admire, legiones de argentinos se preguntan perplejos por qué sigue siendo juez el hombre que se hizo famoso por ser cliente de prostíbulos que, se supone, tenía la responsabilidad de clausurar.
La cara española de este dios Jano despertó pasiones y rencores arremetiendo judicialmente contra la mafia gallega, el narcotráfico, el separatismo vasco, la guerra sucia contra ETA, el terrorismo marxista del Grapo, Al Qaeda, la corrupción estructural y violadores de derechos humanos de todos los rincones del planeta. La cara sudamericana de la efigie solo despierta sospechas desde que enterró en tiempo récord la causa por enriquecimiento ilícito del matrimonio Kirchner.
Más allá de la dudosa legalidad de las escuchas que ordenó en el caso Gürtel, y de que pueda discutirse el derecho a investigar los crímenes franquistas a pesar de la Ley de Amnistía de 1977, parece absurdo que el juez de mayor prestigio y notoriedad mundial, esté siendo juzgado en base a denuncias de corruptos y extremistas. Tan absurdo como la ostentación de impunidad y de enriquecimiento inexplicable que hace el juez menos creíble y más cuestionado de la Argentina.