Javier García
Hace unos años no tenían modales tan delicados como ahora y la piel era un poco más resistente, sin embargo el tiempo se las afinó. Se irritan a la menor crítica y hasta reivindican seguir de "burguesas" vacaciones esteñas. Hasta hablan de "no debilitar las instituciones", Bonomi ¡qué cambio!
Enojado el Ministro de Interior se vio obligado por el Partido Nacional a retornar del Este para dar cuenta de su gestión al frente de la seguridad. El inicio de año en materia de delitos violentos es impactante y se suma a la inseguridad que desde hace tiempo campea.
La comparecencia dio frutos desde su anuncio: Mujica que no tenía la seguridad como prioridad ahora dice que lo será, enhorabuena. Anunció Bonomi algunas medidas legales que propiciará y reformas que esperamos den resultado. Sin embargo, confirmó que tenemos visiones distintas sobre el problema. Para buena parte del gobierno la seguridad es parte de una reivindicación de sectores conservadores que piden represión, es ideología pura. Para nosotros es un derecho humano que hay que proteger. La violencia y el miedo no permiten vivir con libertad.
Diferimos por ello en la gravedad y la urgencia para enfrentarlo. El ministro lleva más de un año anunciando reformas en la jefatura de Montevideo, departamento donde se concentra junto a otros del área metropolitana la mayor cantidad de delitos. Anuncia, pero es lento.
Bonomi anda a los bandazos, gestiona mal y pone excusas. Tiene todo lo que necesita: la mayor cantidad de recursos para seguridad que se haya dispuesto nunca, una cantidad de instrumentos jurídicos y herramientas que le dio la oposición y particularmente el nacionalismo (Guardia Nacional Republicana, unidades militares para cárceles, instituto de rehabilitación juvenil, pasaje de militares a la Policía) y además mayorías legislativas propias. No es creíble echar culpas ni a la oposición, ni a la prensa. La inseguridad no es un invento político ni social.
La gestión de Bonomi es mala y no la arregla hablando de la década del 90, eso no mejora la seguridad hoy. Es un juego para los políticos pero no para la gente. Que con todos los recursos haya varias comisarías de la capital sin un solo patrullero como confirmó el propio Jefe, es prueba del desastre. Ahora se compraron vehículos pero faltan la mitad de los choferes. A la Comisión Permanente el ministro fue acompañado de más asesores y custodios que policías puede haber en turnos de varias comisarías. Justificó que hay mayor cantidad de rapiñas porque hay más comercios, argumento impresentable. Erradicar el comercio no parece ser buena solución para la inseguridad.
No hay herencias malditas y si las hay son autopases de sus propios correligionarios, siete años llevan gobernando. El delito se multiplicó y las rapiñas siguen creciendo. Tienen los efectivos, más dinero, más leyes, más legisladores en las cámaras y también más excusas. Hemos ayudado mucho pero la responsabilidad de decidir es del gobierno.
Para nosotros cuanto peor, peor. Dedicamos mucho tiempo a hablar de los derechos humanos violados hace 40 años y muy poco a los que violan, por ejemplo, cada media hora cuando se rapiña a un uruguayo todos los días del año.
No es atacándonos a nosotros que se mejora esto, no pierdan el tiempo, no se enojen, retomen un poco de la vieja rebeldía (pero solo un poco) y haga Bonomi, ¡haga!