PUNTA DEL ESTE | XIMENA ALEMAN
El grupo argentino Les Luthiers se presenta en el Hotel Conrad. ¡Chist!, el espectáculo que ofrece, es una antología de sus últimos diez años. A sala llena, sus cinco integrantes demostraron que son un clásico del humor.
Lo único que hacía la gente era reír. La risa era un murmullo que recorría el teatro. Cuando las risas se apaciguaban tras el fin de una canción se iniciaba otro murmullo. El que anunciaba, junto con los primeros acordes de los instrumentos, el pasaje que vendría a continuación; "ah, Mastropiero", "ah, el vampiro", "ah, el rap de los jóvenes", era el comentario entre las filas.
Parte del encanto de ¡Chist! -que presentan hasta el domingo inclusive- es ese; quienes están familiarizados con la obra del grupo pueden revivirla en vivo. Para quienes no, ¡Chist! es igual de disfrutable ya que los números pertenecientes a espectáculos viejos se hilvanan a través de la historia de la Comisión de Mantenimiento y Actualización Permanente de la Canción Patria (Cmacpc). En ese número el grupo retrata la relación entre la historia y la política a través de dos políticos y un músico que pretenden modificar el himno y terminan convirtiéndolo en una canción de campaña proselitista.
Los espectáculos de Les Luthiers manejan muchas paradojas: a pesar de que se basan en referencias a la música clásica son populares, su humor es político sin ser partidario y sus shows son musicales sin que la música sea el elemento esencial de ellos. Pero quizás la mayor de todas las paradojas es que siendo sus integrantes sexagenarios su humor e ingenio sea esencialmente joven.
En los 44 años de trayectoria que Les Luthiers tiene sobre el escenario su actitud vital frente al humor no ha cambiado. Eso que a otros puede volver obsoletos, a ellos los vuelve atemporales. El miércoles, en la sala Punta del Este del Conrad demostraron que eso mismo los vuelve un clásico.
Los chistes de Les Luthiers muestran una mirada fresca, capaz de buscar nuevos significados que ellos aplican tanto al lenguaje como a la música. La mayor parte de los chistes de este quinteto se basa en tres recursos: la polisemia, la descontextualización y la intertextualidad. Lejos de los rebusques que pueden implicar estas herramientas, el grupo las utiliza con la simplicidad que da la práctica y con un único objetivo: provocar la carcajada. Así se le buscan nuevos sentidos a las palabras, o se les da un sentido que no se corresponde con su contexto, se inventan palabras nuevas, o se las combina para que adquieran un significado distinto. Además, Les Luthiers crea un sentido intratextual para ciertas onomatopeyas o palabras, así logra un lenguaje interno y propio de la obra. En la sorpresa del descubrimiento de ese lenguaje es que la audiencia encuentra el humor.
Con la música sucede algo similar. Los géneros musicales, se desprenden de las connotaciones culturales y de los estereotipos a los que están asociados. La ópera sirve como base para un singular drama amoroso, el folk para un alegato ecologista y en un coro monacal se da clase de educación sexual.
Sobre el final luce la faceta luthier del grupo. El toque del espectáculo lo da el contrapunto jazzístico entre el piano y el bolarmonio, un instrumento creado por Fernando Tortosa y utilizado en el espectáculo Lutherapia. Tras rapear y bailar en coreografía, Les Luthiers demuestra que para el grupo los años no pasan.