Intereses permanentes

JUAN ORIBE STEMMER

Es una situación extraña cuando el Presidente define lineamientos básicos de la política exterior del país, que, por definición, debería ser una política de Estado, en un programa de radio, cuyo contenido luego es reproducido en la página de Internet de la Presidencia. ¿Es este el mejor procedimiento y el mejor lugar para tratar temas tan trascendentes? Puede parecer un procedimiento muy democrático. Pero no lo es. Una audición radial es un medio unilateral de trasmitir el pensamiento. No existe posibilidad de réplica ni de intercambio constructivo de ideas. Entretanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores brilla por su ausencia y se deja de lado al Parlamento (a pesar de que es el ámbito natural para crear los consensos requeridos para desarrollar un rumbo diplomático firme y de largo plazo).

La última charla presidencial se refirió a las relaciones con la República Argentina. Es posible que el propósito del programa haya sido responder a las críticas de que ha sido objeto el primer mandatario por su actitud respecto de aquel país. Porque, lo que para algunos es un ejemplo magistral de la llamada "paciencia estratégica" para tratar con nuestros hermanos de allende el río, para otros puede ser una instancia de exagerada moderación que se aproxima a la catatonia.

El Presidente dijo que "como gobierno no hay derecho a sacarse la bronca y adoptar actitudes que puedan afectar el trabajo de miles y miles de personas para los cuales no tenemos otra alternativa. La política exterior no es para tirar bronca, es para luchar por los intereses de nuestra gente". El mensaje estaba dirigido a los industriales uruguayos perjudicados por las trabas impuestas por la Argentina, pero la idea fundamental puede aplicarse a otros temas. Es loable la preocupación por evitar fricciones que perjudiquen el turismo de ciudadanos argentinos. Pero, como señaló un industrial, "No creo que los argentinos dejen de venir a Punta del Este por reclamar por las trabas al comercio" (El País, 13 de enero).

¿En qué quedaron aquellas afirmaciones divulgadas al principio del gobierno de Tabaré Vázquez, de que la circunstancia de que existiesen gobiernos progresistas en el Cono Sur abría una nueva era de infinitas posibilidades de cooperación regional? ¿Dónde quedó abandonado el eslogan de "más y mejor Mercosur"?

Aceptemos que lo dicho por el Presidente pueda anunciar un retorno a una política enfocada en los intereses claros, inmediatos y directos de nuestro país. Pero, esa decisión, solamente es el principio del camino. Porque, primero, es necesario definir métodos para determinar la magnitud de los diferentes intereses en juego (en esta materia no le ha ido muy bien al gobierno, como lo demuestran, por ejemplo, sus estimaciones erradas acerca del aporte de las actividades de los pesqueros extranjeros en el Puerto de Montevideo). Segundo, es necesario medir con precisión los costos y beneficios de los compromisos de intereses que se pueden conseguir. Y, sobre todo, es imprescindible establecer jerarquías entre los intereses.

No todos los intereses tienen la misma importancia. Este es un aspecto fundamental porque el gobierno, a veces, da la impresión de estar dispuesto a ceder principios fundamentales a cambio de ventajas pasajeras y, en el mejor de los casos, precarias.

Es loable la preocupación por evitar fricciones, pero eso solo no es una política exterior.

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