Han difundido publicidad, quienes se consideran artífices del "sistema único de cobro de ingresos vehiculares (Sucive)", o sea el sistema para la unificación de las patentes de rodados a pagar por los titulares de automóviles de todo el país. Vale la pena internarse algo en el tema, ya que como se verá, tiene vinculación con otro tópico que preocupa hoy a los uruguayos.
Los citados artífices expresan que "Por primera vez, luego de décadas de conflictos, se logra unificar la patente de rodados para los automóviles de todo el Uruguay". Pasan por alto que el 13 de julio de 1905 fue sancionada la primera ley de Patentes de Rodados. Esta norma, promulgada por el presidente Batlle el día 15 del mismo mes, establecía una escala única de montos a pagar por los -en ese entonces- novedosos automóviles: $ 20 pagarían los de dos "sitios", $ 25 los de cuatro y $ 30 los de más asientos. De esta manera, la disposición ampliaba a los automotores el pago de patentes, que ya estaba en vigor para los carruajes de tracción a sangre.
En años posteriores el sistema se hizo más benigno. Pagarían patente sólo los vehículos que circularan efectivamente. El año de patente o apenas el semestre, se pagaba si se tenía intención de circular por tales lapsos. De lo contrario, el auto que quedara guardado no generaba deuda y por ende tampoco multas y recargos como los que hoy se desploman sobre quienes no van a usar sus automotores, pero omiten el engorroso trámite de notificar tal cosa a la Intendencia, entregando las placas de matrícula.
Es decir que existía un sistema similar al del "road tax" británico. No contamos con datos precisos respecto de cuándo la patente se convirtió en una carga permanente a pagar por todo tenedor de automotores, circulen estos o no. Esquema que quedó intocado por la nueva ley que en avisos publicados en la prensa, es proclamada como la mejor noticia de los últimos 50 años.
Sí tenemos el dato exacto de cuándo empezó la "guerra de las patentes" cuyo final o pacificación definitiva se anuncia. En efecto, hasta 1992 cada uno empadronaba su automotor donde le pareciera más conveniente, en especial si tenía más de un domicilio. Pero el lunes 8 de junio de ese año, por orden del entonces intendente municipal montevideano, Dr. Tabaré Vázquez, los inspectores de tránsito se dedicaron a detener a los automóviles empadronados en el interior, en procura de un reempadronamiento masivo en la capital. Esta acción dio lugar a incidentes y protestas, inclusive de otros intendentes. Al día siguiente, tal vez advirtiendo el caos que había desencadenado, el Dr. Vázquez suspendió la medida. Pero la "guerra" había sido desatada y entonces ya no dejarían de generarse problemas más o menos violentos. Problemas evitables pero que no se evitaron, permitiendo que ahora se anuncie la "paz" ofreciendo "más igualdad, justicia y eficiencia a la ciudadanía".
Aunque ahora se vocea como un éxito el que "tres de cada cuatro automóviles pagarán menos de lo que pagaban hasta ahora, a nivel nacional", las patentes seguirán siendo una carga que afecta pesadamente al transporte automotor. Carga que se suma a combustibles con el precio más alto de la región y a toda una serie de impuestos que tienden a encarecer brutalmente los autos que se venden en Uruguay. Una circunstancia particularmente irritante ya que tiene un "link" con el terrible número de accidentes cruentos de los que día a día somos testigos. ¿De qué manera? Muy simple: los equipos de seguridad innatos en los automóviles que se venden en países desarrollados tienen un costo y si éste se suma a las patentes y otras cargas, los autos vendidos aquí, ya de por sí caros, tendrían que aumentar aún más sus precios. Como resultado, son de uso corriente autos suministrados nuevos sin ABS (frenos antibloqueantes) o "air bags", con lo que la accidentalidad tiende a provocar más muertos y heridos, mientras que el fenómeno tiende a reducirse en las naciones donde se extienden más y más los dispositivos de seguridad.
Uruguay, país donde no es raro un fin de semana como el último de diciembre de 2011 con 24 accidentes carreteros, 10 muertos y 32 lesionados, debe encarar su tragedia como un tema multifactorial donde las patentes y otros elementos que parecen disociados de la accidentalidad, en realidad no lo están.