Rodolfo Sienra Roosen
Faltan todavía tres años para las elecciones, pero en un país que en ese aspecto es bastante predecible, se puede ir orejeando algo desde ya. El año pasado terminó con varias encuestas -de intención de voto, simpatía o rechazo a presuntos cuando no muy factibles candidatos, por parte de empresas y politólogos reconocidos-, sobre cómo está el panorama dando sustento a posibles resultados para 2014, sin perjuicio de los márgenes de duda que todos reconocen que existen. Teniéndolas a todas en cuenta, intentamos coordinarlas y poner algo de lo nuestro. Ahí va lo que nos salió.
En general el Frente Amplio, que ha perdido apoyo, sigue siendo el centro político que recauda más adhesiones. Eso sí, teniendo en cuenta el importante porcentaje que todas las encuestas le asignan a los indecisos -que indica una tendencia a la pérdida de carisma o mística del F.A. contrastante con la euforia que otros años a esta misma distancia de las elecciones salpicaba estos relevamientos de opinión- no es aventurado pensar que si el gobierno repitiera, en esta tercera gestión difícilmente obtendría mayoría absoluta. Y con ese solo detalle, su manejo hasta ahora cómodo y hasta arbitrario del poder, deberá cambiar pues se encontrará con problemas y desafíos que no tuvo antes, frente a los cuales habrá que ver su capacidad de respuesta.
Algunos sostienen que la continuidad del Frente Amplio en el gobierno debe darse por descontada si el candidato la Presidencia fuera Tabaré Vázquez. Despacito por las piedras porque podemos resbalar. Somos de los que creen que Vázquez se dejó llevar un arrebato de mal humor y mimosería, muy corriente en los malcriados políticos que se creen imprescindibles y se agravian por las críticas. Tiene antecedentes. Cuando quiso jerarquizar como única fiesta patria, o la más relevante, al natalicio de Artigas, y convocó a la Plaza Independencia a homenajearlo, su propia gente no le respondió, lo que le hizo montar en cólera y de sobrepique nomás anunció que no iba a postularse a una reelección. Con esa rabieta sabía que estaba creando en la coalición un problema interno, y fue así nomás, porque a partir de entonces comunistas y emepepistas empezaron a trabajar para cerrarle el paso a quien el Presidente quería como delfín -Astori- y lo lograron.
Vázquez tiene tiempo -y ganas que no disimuló nunca- para rectificarse y presentar una nueva postulación. Pero que nadie dude que ahora la vanidad no le sale gratis, porque con este gobierno que padecemos, la izquierda radical ha copado hasta el último de los resortes y enclaves del Estado con su gente, y no va a soltar así nomás los importantes espacios de poder que desbordó con adeptos. Por consiguiente, lo menos que le van a pedir como precio a su candidatura, va a ser la vicepresidencia, para un candidato o candidata -quizá más probable lo segundo que lo primero - puesta por el emepepismo y con conformidad de los comunistas. Y nos preguntamos entonces ¿aceptará o creerá que el tiempo no pasó y que todo está igual?
Aún convencidos que Vázquez quiere ser Presidente, tenemos muy serias dudas que lo acepte al precio que le van a pedir. Que es el lógico por otra parte.
Vamos a detenernos aquí, sin entrar a analizar conclusiones y pareceres sobre la oposición, que dejamos para otra oportunidad. Solo cabe lamentarse que hasta ahora no quiso actuar como un bloque, y así, pierde fuerza.